lunes, marzo 17, 2014

Corazón de la poesía: nadie detuvo el viaje


Querido hombre poeta:
Hace unos días terminé de leer el volumen que me faltaba de los Diarios de Carlos Edmundo de Ory, y, tal como me habías avisado que él haría, envió uno de sus mensajes angélico-aerolitos que dice:
“Uno siente hasta los huesos la nostalgia del infinito. Y la mística de la Nostalgia original vuelve los ojos a la infancia del mundo. Somos niños acabados de salir de la cuna, y nos erguimos buscando el horizonte allá donde se junta, en apariencia, el cielo con la tierra. Hemos visto el horizonte amplio y ya atisbamos la meta entre las treinta y dos direcciones. Queremos volar alejándonos del suelo conocido que nos imanta. ¡Llegamos! ¡Llegamos! ¿Hasta dónde llegaremos? No hay más rumbo que el que conduce a lo desconocido”.
Recordé que cuando platicábamos de él, de Carlos, te brillaban los ojos al decirme: ¿pero sabes qué fue lo más increíble de este viejo, Ilito? Que él conocía la fecha exacta de su muerte porque se le había anunciado en sueños, y, sin buscarla, así sucedió. Entonces recordé también lo importante que eran para ti los sueños, los signos, las señales, por pequeñas que éstas fueran, para hacer desde cosas tan cotidianas como comprar el pan en un lugar y no en otro, hasta para tomar un camino y no el otro en esta danza del aire que acabas de emprender. Y te pienso atendiendo a los sueños y los signos, y me siento tranquila porque sé que sabías que era justo ése -y no los tropiezos de hace años- el momento preciso, el más adecuado, el dictado por los cantos del alba, los nenúfares marinos, la caricia solar sobre tu espalda, para partir.
Imaginarás que no ha sido fácil hacer entender esto a la gente. Y cuánta gente, hombre poeta, que  brota quién sabe de dónde y no entiende que hayas realizado un acto que revela cuán comprometido estabas con tus convicciones, con las más verdaderas y profundas, con las que forjaron tu espíritu desde que tenías ocho años. Incluso debo confesarte que hay algo que me ronda la cabeza desde aquella noche y que casi no he platicado con nadie, pero conociéndote como te conozco, algo me dice que tus preparativos y tu modus operandi fueron también una forma de acompañar a tu tío, el poeta tabasqueño Ciprián Cabrera Jasso, con quien te sentías, como decías, extrañamente identificado, sobre todo con su libro Nadie detendrá el viaje, del que te gustaba tanto ese poema de “La Esperanza”:

En cada gota de lluvia
                                    cae al mundo
                                   la luz de la primera tormenta.
Como si el misterio
de la oscuridad
develara el profundo abismo,
que es su esencia,
y nos mostrase su belleza
en el líquido transparente.
Así ha de ser la esperanza:
el vislumbre,
a través del horizonte que no se alcanza,
de una existencia
que nos permita prolongarnos
más allá de los postigos oculares
y que nos permita, además,
como a la araña,
abandonar la piel
que llevamos a cuestas
y volar por el viento, ser el viento.

Ay, hombre poeta, si vieras la que armaste… Seguro que lo sabes y seguro que has de estar sonriendo con una nueva pipa de meteoros entre tus labios, ahora más cósmicos que nunca… Y sabías, seguro que sabías lo que iba a pasar con tu trabajo, con tu historia: es triste pero cierto eso de lo que hablábamos tantas veces: el poeta, cuando muerto, se vuelve doblemente poeta, amigo hasta de las piedras, y su poesía se mueve como corriente marina. Pero no te preocupes, sabes y sabías desde entonces que  no íbamos  a dejar que esa corriente se detuviera. Y no hablo sólo de tu obra poética. Para entenderte completo, para llegar al fondo de tu columna vertebral, de tu otra convicción más rotunda, de uno de los motivos que nos hizo salir de México, es necesario que se lean o relean tus textos críticos en contra del sistema cultural mexicano, de la mala entraña de grupúsculos y pequeños empoderados que llevan como bandera la corrupción, la mediocridad y el entreguismo desbordado y cínico. Es necesario volver a las armas con La mesAlterada. Es necesario que se lean y haya eco de tus manifiestos en busca de una nueva estética dentro de la poesía mexicana: nadie más ha vuelto a pronunciarse por algo parecido a “Por una Poesía Evolucionaria” o la “Poesía de la Inconexión”. Ya lo dijeron Israel Miranda, Jaime Coello, Andrés Cardo, pero yo también me lo pregunto: ¿ahora quién va a decirle sus verdades, a confrontar tan de frente, tan directamente a tanto parásito literario? Confío en que Mauro y Jerónimo, cada uno a su manera, lo hagan, no porque hayan sido tus alumnos-carnales más queridos y aplicados, sino porque aceptaron el diálogo y la escucha inteligente que pocos de su generación son capaces de abordar.
Lo importante, en todo caso, es que los lectores que creíamos que llegarían hasta dentro de diez años, empiezan ya a asomar los ojos sobre tus letras: es imposible mantenerse ajeno a la soltura con que eres capaz de engullir los bocados de realidad pétrea para devolverla en lienzos transparentes del dolor y la euforia con que te entregabas a la vida, al sueño, al camino no sólo de agua y tierra, sino al inmenso laberinto que crecía en tus entrañas y en el que te gustaba perderte noches y tardes enteras jugando a encontrar lo más incandescente de ese centro. Y te costó trabajo, pero sí: lo lograste: encontraste la piedra preciosa que cantaba bajo tu orilla de delirios nocturnos, la piedra que creíste que era de la locura y resultó ser más que eso, más profunda, más entera y tersa: la piedra del destino, la palabra última que tenías que gritar con todos los nombres que daban sentido a ese ciclo vital tan tuyo llamado POESÍA.
En fin, hombre poeta, que me dejaste en plena carne viva ante la vida, y no me queda otra más que cumplir con esa última promesa de entregar mi alegría y ferocidad en cada momento importante del día; no dejar de escuchar esa música tan tuya y de tus amigos raros, como decías; no abandonar la Cineteca ni los museos, no dejar de leer y nunca nunca dejar de escribir. De verdad que lo intento, como dije que lo haría aquella mañana del último miércoles, pero es raro saber que no se nos hará ese encuentro tan prometido que iba a ser el de abril; que no podré ver a través de tus ojos todo lo visto en aquellas ciudades durante la segunda travesía austral, que no bailaremos la canción del pulque… Eso sí: la promesa de la escritura nunca ha sido ni será rota: de entre todos los nombres con los que me rebautizaste, hay uno que es ineludible y que llevo como marca de destino: Mujer con Chispas en la Boca, que, como me explicaste, en la tradición de los pueblos indios norteamericanos significa Hacedora de Historias, y  que me tatuaste porque negar el quehacer, dijiste, es negar la vida.
Y bueno, ya nada más te recuerdo que como escritora de ficción que soy, yo sí creo en fantasmas, y que si te me vas a aparecer en alguno de tantos lugares que recorrimos juntos, deberás decirme alguna de las tres claves secretas para saber que eres tú y no algún espíritu peor de maldoso que tú…
Debo irme ya, mi querido hombre poeta. Yo sé que siempre nos dijimos todo, que no quedaron pendientes en el cuenco del corazón ni de las palabras en este inmenso periplo de caminos separados, pero como me enseñaste que es de mala educación no agradecer cada que uno se despide, te doy las gracias por haber compartido el amor que me tocó vivir contigo: las buenas y las malas aventuras, los amigos, la literatura, la escritura, las carreteras y el cielo latinoamericano, pero sobre todo por la oportunidad de dejarme mostrarte ese otro lado de ti mismo que tanto y tan extrañamente te hizo sonreír. Gracias por ayudarme a comprender todas las aristas de la palabra libertad. Gracias por no haber traicionado nunca tu naturaleza. Y gracias, pues, por la poetada vida.
Supongo que habrá mucha interferencia entre plano y plano dimensional, pero ojalá, junto con estas palabras, te llegue también mi amoroso sentir indescifrable de humano-extraterrestre.
Nos estamos viendo en sueños y en la literatura.
Cambio y fuera, Marco corazón de la poesía.

Fuera y cambio, querido hombre poeta.       

jueves, noviembre 07, 2013

Un salto fuera del círculo



Cómo va cambiando la vida, cómo cambia el sueño transfigurado en realidad: cómo se vive dando vueltas a bordo de un tornamesa que parece saltar de una pista a otra sin que un sonido específico alcance a delinearse, sin que la aguja se salve del scrashhhhhh. Se puede tener una idea de los momentos en que todo salta, todo brilla o todo se rompe, pero nunca se sabe a ciencia cierta qué es lo que está sucediendo en el espacio al tener que convivir con los otros asteroides dentro del mismo espacio.
Un humano es un humano mientras el giro en torno a sus miedos se reduce a pequeñas escaladas de desasosiego volátil: la búsqueda constante de ventanas a otras ventanas, de aberturas interdimensionales, de la salida al otro lado que a su vez contiene salidas y entradas y laberintos y acertijos. Un humano en busca de la escritura, entiende que de alguna forma la literatura es como la muerte, esa muerte que se transforma en vida al convertirse en todo lo que existe en este mundo y los otros mundos, esa muerte que hace de la materia etérea que nos constituye, un viajero eterno, interdimensional.

Sé muy bien que los destinos son humanos y que he de cumplir con la parte humana que me corresponde: es inevitable y trabajo arduamente para que todo quede bien hecho y culminado, para que quien lea mis diversas extrapolaciones entienda por qué Iliana, por qué; por qué la búsqueda constante de ventanas a otras ventanas, de aberturas interdimensionales, de la salida al otro lado que a su vez contiene salidas y entradas y laberintos y acertijos. Sé que mi naturaleza extraterrestre es incomprensible y que quizá sólo yo sé a qué me refiero cuando afirmo con tanta certeza que así soy: eso soy: un ser alienado llegado de algún asteroide errante, en busca de la palabra que transforme en mundo todo lo que vive contenido en mí, y parte de ese mundo se alimenta también con los brotes, los escondrijos, los hallazgos, los juegos de luces, sombras y movimientos que existen de este otro lado del mundo: el mundo inmediato, el mundo que avanza junto conmigo a cada paso.

martes, agosto 20, 2013

Veneno


La palabra que dice y llora. La palabra que se desenreda en el camino del colector de entrañas. La palabra que muerde hasta desintegrar las luces del faro en la otra orilla. La palabra durmiente que se abalanza con cuchillo y sierra eléctrica desde las raíces de todos los dientes. La palabra que arde en la inconsciencia del inocente verdugo a punto de estrenar el llanto ensangrentado de arrepentimiento. La palabra que antes de ser dicha se destornilla de lo más invertebrado del organismo para dejar constancia de que era casi imposible arrancarla de la cavidad estremecida en canto y llaga. La palabra desgajada, desmembrada en los cortes que ella misma va silabando en cada ideograma fónico al construirse en el aparato torácico-laríngeo. La palabra que se quisiera de oniria y membrana atómico polar y es de muerte, porque de sus pistilos brota la efervescencia de la costra herida dos, tres, cinco veces, y el humus de la ponzoña que gesta el dolor guardado en los peces voladores que incansables zarpan de la más profunda caverna.



miércoles, junio 26, 2013

Despojos



Ya regresaron los emplumados solares. Pasan, o mejor dicho, rompen la cáscara más delgada de la neblina que está a punto de evaporarse. No. En realidad cruzan danzando con las cuerdas que extiende el sol de polo a polo, y, en cada paso de baile, perfectamente marcado por las aletas de fuego que nacen de sus alas al tacto con los neutrinos ultramar, brota de sus ojos ese canto eléctrico con que anuncian aquello que, en microsegundos, les está siendo revelado: los despojos de la noche que habitan entre las paredes del aire.


viernes, mayo 17, 2013

Imago terrificus



Curiosamente el ojo humano ha podido captar, a través de los diversos modelos de cámaras fotográficas diseñadas cada vez con mayor alcance y resolución a lo largo de su historia, los diversos fenómenos naturales que intentan sacudirse al hombre de la Tierra. Por supuesto, es ancestral la necesidad de testimoniar gráficamente el suceso caótico, el encuentro terrible de la temperamental natura con la frágil “seguridad” ingenua del hombre, el incontrolable trauma ante el asombro de haber atestiguado un instante de vital y revelador choque entre el inmenso animal quimérico que habitamos y la inocente noción de perpetuidad que la civilización humana ha pretendido ejercer desde que integrara hileras de piedra y lodo sobre hileras de piedra y lodo. En teoría, el registro del suceso, además de testimonio, debería funcionar como un constante recordatorio de que la humanidad funge como parásito –más que habitante- de un ser ensamblado por distintas naturalezas, y cada naturaleza, a su vez, obedece a ciclos, flujos, palpitaciones y estremecimientos incontrolables e impredecibles que, obedeciendo a su también natural desenfreno, significan una “amenaza” para la evolución humana. 

Sin embargo, la finalidad de esta nota no es abundar sobre el desequilibrio y la verdadera amenaza que el hombre significa para la Tierra: eso, si no se entiende con los desajustes climáticos que se manifiestan cada día, pues será incomprensible para quien insista en que el hombre debería esforzarse por desarrollar la industria necesaria para controlar al planeta. No. La finalidad de esta nota es sencilla, y nació, como casi todas las que aquí habitan, a causa de una duda que llegó a mi mente después de un temblor ocurrido casi un mes después de instalarnos en nuestra cabaña de Jardín del Valle, a las orillas del Pichincha.


Hay espectaculares fotografías, grabados, dibujos, mosaicos y frescos que registran diversas manifestaciones de aquello que se conoce como catástrofes naturales. Existen imágenes de erupciones volcánicas, o mejor dicho, del acto del nacimiento del fuego terrestre; hay también del ojo-agujero blanco que transporta a una dimensión de aire todo lo matéricamente incorrecto que encuentra a su paso (este fenómeno se conoce como tornado); he visto claras imágenes de los enormes bostezos marinos, que mientras más fatiga contenida tenga, abre más sus fauces líquidas y muestra sus entrañas de crustáceo y arena (digámosle su nombre de ciencia ancestral: tsunami); por supuesto, son clásicas y añejas las imágenes del cielo amoratado agrietándose de agua y colmillos de luz, pero, ¿acaso existe un reflejo estático del momento en que la tierra se sacude súcubos e íncubos, en que se restriega los párpados tratando de sacarse a los hombres incrustados, como lágrimas secas, entre sus pestañas terrestres?


lunes, mayo 06, 2013

Sueño el sueño de la planta



Me tiro al sol junto a ella y escucho su canto, el bisbiseo de sus hojas que tratan de anegarse de cielo y aire. El pensamiento divaga y es entonces cuando dibujo. Los dibujos irracionales, indeterminados, inseminados en la tinta de la pluma se despegan de cada gota y se zurcen, se adhieren al papel para confirmar su nacimiento.




El dibujo me obliga a escucharlo, a discernir las voces de cada uno de los entes que en él van surgiendo, y al escucharlos, al intercambiar preguntas, juegos, respuestas, acertijos, recuerdos y sueños, encuentro de nuevo la vía de la escritura que incansable acecha. Su acecho es tan constante que construye cables en espiral en mi cabeza, en la voz que no duerme, en la mano que necesita desplazarse construyendo algo, lo que sea, sobre el papel o las teclas. Entonces dibujo, y al ir dibujando, esas líneas entreveradas en la espiral metálica se desenredan, se despiertan, toman forma y ocupan su lugar en el mundo predestinado para que el espacio de la letra retome los colores de las estrellas a las que pertenecen.





sábado, abril 13, 2013

Del miedo a la devastación


En mi cuaderno de apuntes cotidianos encontré lo siguiente, que escribí el 16 de febrero de este año, un día después de la visita del meteorito a la Tierra. Rescato el texto porque me parece curioso que la humanidad parezca temerosa de la devastación cuando ya se ha aprendido a vivir con ella de manera cotidiana.


Ayer cayó un meteorito en Rusia, en el área de los Montes Urales. Circuló la noticia de que habían muerto entre 700 y 1000 personas a causa de los destrozos provocados por la energía que el meteorito llevaba consigo al atravesar las diversas capas de la atmósfera terrestre. Dicen que no tiene que ver con el asteroide que pasará muy cerca del planeta. Pero también es probable que se haya desprendido del asteroide, lo cual creo más cercano a lo real y natural si tomamos en cuenta que un asteroide es a su vez residuo de una materia multiorgánica que atraviesa el Universo durante el proceso de su desintegración: viaja a una velocidad constante sin una ruta o trayecto determinado, simplemente avanza a la deriva impulsado por la inercia de su propio peso, cuya masa va cambiando a causa del efecto de erosión que en él provoca el ambiente y el viaje universal.
Entonces, si esa erosión natural y necesaria ocasiona la pérdida –paulatina e invisible o instantánea y dramática/salvaje- de materia, es de lo más comprensible que se haya desprendido el fragmento meteorito y que los elementos inherentes a su viaje –velocidad, fuerza, dirección, energía calórica e inercia– hayan ocasionado derrumbes, explosiones y muerte humana. Evidentemente la consternación que ello provoca se debe a la falta de consciencia en cuanto al espacio que la Tierra ocupa en el Universo, y sobre todo, al constante movimiento que en él se ejecuta para mantener el balance o equilibrio de Todo lo que en él habita. A los humanos parece darles crisis de antropocentrismo: parece olvidárseles que sólo son parte de una especie más dentro del reino animal que habita este planeta, y que este planeta es uno más dentro de los nueve que suponemos habita el sistema que llamamos Solar, que es sólo uno de los innumerables que habitan una de las galaxias que conforman, hasta donde sabemos, la infinitud del Universo, un Universo vivo en el que destruir y construir es el principio de su naturaleza evolutiva.
Regresando al antropocentrismo, los humanos sólo perderán el miedo a la destrucción masiva de sus “civilizaciones” (en las que parece que sólo está permitida la destrucción entre humanos) cuando sean lo suficientemente responsables de lo que les toca hacer cada día y no teman morir sin haber hecho tal o cual cosa; sólo dejarán de sentirse amenazados por una destrucción “apocalíptica” –sea cual sea su naturaleza– cuando aprendan a mirar más allá, mucho más allá de sí mismos como individuos y como raza imperialista del planeta y comprendan que la Tierra No Es Suya, sino que ellos son parte de ella, como a su vez ella es parte de la naturaleza –al parecer– incomprensible, inabarcable y por supuesto incontrolable del Universo.

lunes, marzo 25, 2013

Instantánea y asombro

Desde constelación pichincha 044Uno nunca sabe qué va a encontrar allá afuera cada vez que despierta.
Por eso me gusta recorrer la casa cada mañana: ir abriendo las cortinas y verificar que los micromundos siguen ahí, tal y como uno los dejó.
Creo que mi imagen favorita de mí misma es al despertar: los rasgos dislocados todavía, los rastros del sueño que podrían ser los mismos que los rastros de ventarrones, tormentas de arena, lodo cósmico, luces pegajosas de gusanos dimensionales. 


Desde constelación pichincha 043
Despertar y encontrarnos con esa sorpresa que ya bautizó Coleridge, pero que podemos nombrar de acuerdo a nuestro asombro instantáneo si atinamos a “saber mirarla” (la sorpresa).Moverse con esa lentitud, con esa imprecisión de sonámbulo diurno y tropezarse con las orillas que siempre están ahí, pero, por alguna extraña razón, olvidamos que quizá también se abandonan a la deriva de Oniria, y regresan, igual que nosotros, algo desorientadas: las orillas umbral, metereológica y metódicamente ubicadas por toda la casa.
Por otro lado, es curioso despertar y, al ir recuperando el lugar/los lugares que uno dejó la víspera anterior, notar que hay huecos, hay huellas a las que pertenecemos, en donde embonamos perfectamente. Pero no todo nuestro cuerpo, no: las manos sobre la pluma y el cuaderno; las pompas distribuidas sobre el banco rojo; una parte del pie izquierdo sobre el tapete y la otra sobre la madera del piso; una parte del pie derecho sobre uno de los soportes del banco y la otra parte al aire…



Y los ojos, los ojos son la parte del cuerpo más difícil de hacer embonar en el
espacio: los ojos son la huella, el hueco al que pertenece cada parte del cuerpo
etéreo del mundo.

Desde constelación pichincha 045

Color de encrucijada


Quitología para principiantes 030

Que ha llovido durante la madrugada -"toda la noche"-, ha dicho Marco. Pero aquí es difícil indagar, por el puro sonido, si lo que cae es agua, canto de mirlo, canto de pajarillos copetudos, o gorjeo de palomas y palomos a punto de engendrar.
Por cierto, cuando se disparan al unísono, los ladridos de las ocho camadas vecinas suenan a cántaros de agua golpeando techos, ventanas y suelos.
Por otra parte, es confuso delimitar Ocaso, Noche, Madrugada y Alba en este punto de la Tierra. Según explicaciones de la científica vox pópuli, se debe a que nos encontramos en el Paralelo CERO, en el mero ecuador del mundo. Entonces -no entiendo todavía por qué, exactamente- el sol da la vuelta al día de una forma en la que es imposible refractar la luz en la atmósfera, de tal manera que en estos cielos toda seña de color se reduce a Azul, Blanco-Neblina, Nublado-Gris-Soleado, Nublado-Gris-Tormenta, Neblina Pura, Azul-Negro y Negro.
Quitología para principiantes 022A eso se debe que uno no encuentre la luz del fin de la noche que da inicio a la madrugada, y menos aún el alba o el ocaso, por lo que, de haber llovido tanto durante la oscuridad del cielo, cabría sólo decir: llovió todo el tiempo que estuvimos dormidos antes de que llegara el humor blanco del día.

viernes, junio 22, 2012

Escritoras para la literatura mexicana

El equipo editorial de la Gaceta Cariátide. Brevedades Literarias, ha tenido a bien proponer un ciclo de conferencias para cuestionar, reflexionar y buscar nuevas conclusiones sobre lo que hoy día constituye el universo de elementos literarios, sociales, políticos, económicos y periodísticos que tienen como eje al Humanismo; un Humanismo cuya definición ha mutado conforme lo ha hecho la estructura social de cada ciudad y pueblo del mundo en el que, de una manera sutil y a veces imperceptible, se desarrolla.
Mi participación dentro de estas conferencias consiste en un breve análisis sobre la situación actual de la literatura mexicana, concretamente aquello que se relaciona con la escritura de las mujeres, que, a mi parecer, se ha perdido por el discurso feminista en lugar de enfocarse en la propuesta creativa... El resto de este apunte puede leerse en el nuevo sitio que estoy preparando.


miércoles, junio 06, 2012

Bradbury / Autorretrato

Para mí, el siguiente cuento, homónimo del libro en que se incluye, es un guiño de Bradbury ante el espejo; un guiño dedicado a él mismo y a quienes hemos descubierto el movimiento de ciertas figuras que se deslizan sobre nuestra piel y, movidos por la comezón que nos causa la tinta indeleble con la que están delineadas, las trasladamos, cuidadosamente, a una otredad que se dice escritura y que por expandirse también en tinta, no les resulta tan ajena.

PRÓLOGO: EL HOMBRE ILUSTRADO, 1951

En una tarde calurosa de principios de setiembre me encontré por primera vez con el hombre ilustrado. Yo caminaba por una carretera asfaltada, recorriendo la última etapa de una excursión de quince días por el Estado de Wisconsin. Al atardecer me detuve, comí un poco de carne de cerdo, unas habas y un bizcocho. Me preparaba a descansar y leer cuando el hombre ilustrado apareció sobre la colina. Su figura se recortó brevemente contra el cielo.
Yo no sabía entonces que era ilustrado; sólo vi que era alto, que alguna vez había sido esbelto, y que ahora, por alguna razón, comenzaba a engordar. Recuerdo que tenía los brazos largos y las manos anchas, y un rostro infantil en lo alto de un cuerpo macizo.
Me habló antes de verme, como si hubiese adivinado mi presencia.
-Señor, ¿sabe usted dónde podría encontrar trabajo?
-Temo que no -le respondí.
-Cuarenta años y nunca he tenido un trabajo duradero -me dijo.
Aunque hacía mucho calor, el hombre ilustrado llevaba una camisa de lana, cerrada hasta el cuello. Los puños de las mangas le ocultaban las anchas muñecas. La transpiración le corría por la cara. Y sin embargo no se abría la camisa.
-Bien -me dijo al fin-, este lugar es tan bueno como cualquiera para pasar la noche. ¿No lo molesto?
-Si usted quiere, me sobra un poco de comida -le invité.
Se sentó pesadamente y lanzó un gruñido.
-Se arrepentirá de haberme invitado -me dijo-. Todos se arrepienten. Por eso no paro en ningún sitio.
Aquí estamos, a principios de setiembre, en lo mejor de la temporada de las ferias. Tendría que estar ganando montones de dinero en el parque de diversiones de cualquier pueblo, y aquí me tiene, sin ninguna perspectiva.
El hombre ilustrado se sacó un enorme zapato y lo examinó con atención.
-Comúnmente conservo mi empleo diez días. Luego algo ocurre, y me despiden. Hoy ningún hombre, de ninguna feria del país se atrevería a tocarme, ni con una pértiga de tres metros.
-¿Qué le pasa? -le pregunté.
El hombre me respondió desabotonándose lentamente el cuello apretado. Cerró los ojos, y con movimientos muy lentos se abrió la camisa. Luego, con la punta de los dedos, se tocó la piel.
-Es curioso -dijo con los ojos todavía cerrados-. No se las siente, pero están ahí. No dejo de pensar que algún día miraré y ya no estarán. Camino al sol durante horas, en los días más calurosos, cocinándome y esperando que el sudor las borre, que el sol las queme; pero llega la noche, y están todavía ahí.
El hombre ilustrado volvió hacia mí la cabeza, mostrándome el pecho.
-¿Están todavía ahí? -me preguntó.
Durante unos instantes no respiré.
-Si -dije-, están todavía ahí.
Las ilustraciones.
-Me cierro la camisa a causa de los niños -dijo el hombre abriendo los ojos-. Me siguen por el campo. Todo el mundo quiere ver las imágenes, y sin embargo nadie quiere verlas.
El hombre se sacó la camisa y la apretó entre las manos. Tenía el pecho cubierto de ilustraciones, desde el anillo azul, tatuado alrededor del cuello, hasta la línea de la cintura.
-Y así en todas partes -me dijo adivinándome el pensamiento-. Estoy totalmente tatuado. Mire.
Abrió la mano. En la mano se veía una rosa recién cortada, con unas gotas de agua cristalina entre los suaves pétalos rojizos. Extendí la mano para tocarla, pero era sólo una ilustración.
En cuanto al resto, no sé cómo pude quedarme quieto y mirar. El hombre ilustrado era una acumulación de cohetes, y fuentes, y personas, dibujados y coloreados con tanta minuciosidad que uno creía oír las voces y los murmullos apagados de las multitudes que habitaban su cuerpo. Cuando la carne se estremecía, las manitas rosadas gesticulaban, los labios menudos se movían, en los ojitos verdes y dorados se cerraban los párpados.
Había prados amarillos y ríos azules, y montañas y estrellas y soles y planetas,
extendidos por el pecho del hombre ilustrado como una vía láctea. Las gentes se dividían en veinte o más grupos, instalados en los brazos, los hombros, las espaldas, los costados, las muñecas y la parte alta del vientre. Se los veía en bosques de vello, escondidos en una constelación de pecas, o hundidos en las cavernas de las axilas, con ojos resplandecientes como diamantes. Cada grupo parecía dedicado a su propia actividad; cada grupo era toda una galería de retratos.
-¡Oh! ¡Son hermosas! -exclamé.
¿Cómo podría describir las ilustraciones? Si en lo mejor de su carrera el Greco hubiese pintado miniaturas, no mayores que tu mano, infinitamente detalladas, con sus colores sulfurosos y sus deformaciones, quizá hubiera utilizado para su arte el cuerpo de este hombre. Los colores ardían en tres dimensiones. Eran como ventanas abiertas a mundos luminosos. Aquí, reunidas en un muro, estaban las más hermosas escenas del universo.
El hombre ilustrado era un museo ambulante. No era ésta la obra de esos ordinarios tatuadores de feria que trabajan con tres colores y un aliento que huele a alcohol. Era el trabajo de un genio; una obra vibrante, clara y hermosa.
-Ah, sí -dijo el hombre ilustrado-, mis ilustraciones. Me siento tan orgulloso de ellas que me gustaría destruirlas. He probado con papel de lija, con ácidos, con un cuchillo...
El sol se ponía. La luna se levantaba ya por el este.
-Pues estas ilustraciones -afirmó el hombre-, predicen el futuro.
No dije nada.
-Todo está bien a la luz del sol -continuó-. Puedo emplearme entonces en una feria. Pero de noche... Las pinturas se mueven. Las imágenes cambian.
Creo que sonreí.
-¿Desde cuándo está usted ilustrado?
-Desde el año 1900. Yo tenía entonces veinte años y trabajaba en un parque de diversiones. Me rompí una pierna. No podía moverme. Tenía que hacer algo para no perder el empleo, y entonces decidí tatuarme.
-Pero ¿quién lo tatuó? ¿Qué pasó con el artista?
-La mujer volvió al futuro -dijo el hombre-. Así es. Vivía en una casita en el interior de Wisconsin, no muy lejos de aquí. Una vieja bruja que en un momento parecía tener cien años y poco después no más de veinte. Me dijo que ella podía viajar por el tiempo. Yo me reí. Pero ahora sé que decía la verdad.
-¿Cómo la conoció?
El hombre ilustrado me lo dijo. Había visto el letrero al lado del camino.
¡ILUSTRACIONES EN LA PIEL! ¡Ilustraciones, y no tatuajes! ¡Ilustraciones artísticas! Y allí había estado, toda la noche, mientras las mágicas agujas lo mordían y picaban como avispas y abejas delicadas. A la mañana parecía un hombre que hubiese caído bajo una prensa multicolor: tenía el cuerpo brillante y cubierto de figuras.
-He buscado a esa bruja todos los veranos, durante casi medio siglo -dijo el hombre extendiendo los brazos-. Cuando la encuentre, la mataré.
El sol se había ido. Brillaban ya las primeras estrellas y la luna iluminaba los pastos y las espigas. Las imágenes del hombre ilustrado resplandecían en la sombra como carbones encendidos, como esmeraldas y rubíes con los colores de Rouault y de Picasso, y los cuerpos enjutos y alargados del Greco.
-Cuando las imágenes empiezan a moverse, me despiden. Ocurren cosas terribles en mis ilustraciones. Cada una es un cuento. Si usted las mira atentamente unos pocos minutos, le contarán una historia. Si las mira tres horas, las narraciones serán treinta o cuarenta, y usted oirá voces, y pensamientos. Todo está aquí, en mi piel; no hay más que mirar. Pero sobre todo, hay cierto lugar de mi espalda... -El hombre ilustrado se volvió-.
¿Ve? Sobre mi omóplato derecho no hay ningún dibujo. Sólo una mancha de color.
-Sí.
-Cuando he estado con alguien un rato, ese omóplato se cubre de sombras, y se convierte en un dibujo. Si estoy con una mujer, al cabo de una hora su rostro aparece ahí, en mi espalda, y ella ve toda su vida... cómo vivirá y cómo morirá, qué parecerá cuando tenga sesenta años. Y si me encuentro con un hombre, una hora después su retrato aparece también en mi espalda. Y el hombre se ve a sí mismo cayendo en un precipicio, o aplastado por un tren... Entonces me despiden.
El hombre hablaba y al mismo tiempo movía las manos sobre las ilustraciones, como para ajustar los marcos y sacarles el polvo, con los ademanes de un conocedor, de un aficionado al arte. Al fin se tendió de espaldas, a la luz de la luna. Era una noche calurosa, serena y sofocante. Nos habíamos sacado la camisa.
-¿Y nunca encontró a la vieja?
-Nunca.
-¿Y cree usted que venía del futuro?
-¿Cómo, si no, podría conocer estas historias que me pintó sobre la piel?
El hombre, fatigado, cerró los ojos.
-A veces, de noche -dijo débilmente-, siento las figuras como hormigas sobre la piel.
Sé lo que pasa entonces y lo que tiene que pasar. Yo nunca las miro. Trato de olvidarme.
No debemos mirarlas. No las mire usted tampoco, se lo advierto. Vuélvame la espalda cuando se vaya a dormir.
Yo estaba acostado no muy lejos. El hombre no tenía, aparentemente, un carácter violento, y las ilustraciones eran tan hermosas... Yo me hubiese ido lejos de toda esa charla. Pero las ilustraciones... Dejé que los ojos se me llenaran de imágenes. Con esos cuadros sobre el cuerpo, cualquiera podía perder la cabeza.
La noche era serena. Yo podía oír la respiración del hombre ilustrado, bañado por la luna. Los grillos cantaban dulcemente en las hondonadas lejanas. Me puse de costado para ver mejor las ilustraciones. Pasó, quizá, una media hora. Yo no sabía si el hombre ilustrado se había dormido, pero de pronto lo oí respirar:
-Se mueven, ¿no es cierto?
Esperé un minuto. Y luego dije:
-Sí.
Las imágenes se movían, Una por vez, uno o dos minutos. Allí, a la luz de la luna, con el menudo tintineo de los pensamientos y las voces distantes como voces del mar, se desarrollaron los dramas. No sé si esos dramas duraron una hora o dos. Sólo sé que me quedé allí, inmóvil, fascinado, mientras las estrellas giraban en el cielo.
Dieciocho ilustraciones, dieciocho cuentos. Los conté uno a uno.
Primero, mis ojos se posaron en una escena, una casa grande con dos personas. Vi unos buitres que volaban en un cielo rosado y ardiente. Vi leones amarillos, y oí voces.
La primera ilustración tembló y se animó.

martes, mayo 29, 2012

Cabaret virtual: free jazz y experimentación sonora en el proceso de la escritura


Y que nos vamos a Taxco, al XII Encuentro Nacional de Escritores de Tierra Adentro. Me invitaron para leer un par de cuentos del Joni Munn y otras alteraciones del psicosoma y para participar en una mesa de discusión con nombre enlazado a lámparas de neón: Cabaret virtual:Escenas multimedia y nuevas tecnologías. ¿Que qué hago yo ahí? Pues me preguntaron si me gustaría hablar de la relación interdisciplinaria que puede haber entre la literatura y otras artes, y de inmediato me vino a la mente una huella de tinta iluminada que decía: "es momento de enlazar el cuerpo del free jazz y la experimentación sonora con tu proceso creativo; con la forma en que el golpe, el corte imprevisto, el contraste, el impulso salvaje, la mezcla de naturalezas instrumentales e incluso la deformación de sus estructuras, se queda en tu inconsciente y brota, de una manera extrañamente asimilada, en tu escritura". Y entonces acepté.

Queda aquí constancia:

Comunicado No. 1174

***Se realizará del 30 de mayo al 1 de junio en Taxco, Guerrero

***Participaran 28 autores procedentes de Baja California, Distrito Federal, Estado de México, Guerrero, Oaxaca, Querétaro y Tamaulipas

Con el objetivo de ser un espacio de conversación entre creadores de distintos géneros, fomentar la reflexión, el intercambio de ideas y generar nuevos proyectos literarios, del 30 de mayo al 1 de junio se realizará el XII Encuentro Nacional de Escritores de Tierra Adentro en Taxco, Guerrero.
Así lo dio a conocer en entrevista la directora editorial del Programa Cultural Tierra Adentro, Mónica Nepote, quien añadió que el eje central del encuentro será la dramaturgia.

“A través del encuentro, buscamos poner en contacto a una generación de autores menores de 35 años que quizá en 10 años estén con toda su potencia escribiendo los libros de la literatura mexicana, los cuales posiblemente están interesados en otros caminos o procesos de creación que implican muchas veces el saltar o hacer uso de otras disciplinas o formatos para hacer una exploración propia.

“Sin embargo, en esta ocasión daremos un peso importante a la dramaturgia ya que buscamos que los dramaturgos conozcan lo que se trabaja desde otras disciplinas, por ejemplo, en la poesía en donde algunos autores recurren al spoken poetry, al cuerpo o a asuntos visuales para crear”.

Las actividades del encuentro incluyen una conferencia magistral que ofrecerá el narrador, dramaturgo, pintor y dibujante Hugo Hiriart, quien hablará de “cómo se dio su contacto con la interdisciplina ya que él ha saltado en los diversos géneros, explorando con su imaginación, además de que es un proceso que se le ha dado de forma natural y con mucha erudición”, revela la directora.

También se realizarán cuatro mesas de reflexión y análisis: “Neo Narración/Neo Drama/Neo Poesía #", "Maquetas escénicas: el teatro, lo social y lo real", "Sesión laboratorio: cine, TV y otras ficciones" y "Cabaret virtual: escenas multimedia y nuevas tecnologías”.

“Son mesas en donde cada participante tiene 10 minutos. Aquí son los autores los que hablan de cómo son sus dinámicas de trabajo y habrá quien haga lecturas con proyección o presente trabajos que se están armando o que ya armaron.

“Lo ideal es que sean mesas de discusión para hacer que los autores se conozcan, que sepan y compartan información, dialoguen y reflexionen de tal forma que no sólo sea un encuentro para leer la creación propia o un encuentro de discusión, sino un híbrido de ambos", comenta Nepote.

En este encuentro participarán 28 autores: 13 dramaturgos, ocho poetas, cinco narradores y dos cuentistas, quienes presentarán sus trabajos en diversas instituciones ubicadas en Taxco, Guerrero, como el Centro Cultural Casa Borda, la Escuela Nacional de Artes Plásticas-UNAM y el Parque Vicente Guerrero.

Entre los dramaturgos se encuentran Carlos Portillo, Itzel Lara, Gibrán Portela, Noé Morales, Lucía Leonor Enríquez, Zulaí Macías, Iván H. Arizmendi, Paco Reyes, Diego Álvarez, Ángel Hernández, Felipe Rodríguez, Richard Viqueira y Luis Santillán.

Los poetas que estarán son Yohanna Jaramillo, Antonio Salinas, Carlos Ortiz, Luis Alberto Arellano, Paula Abramo, Geovani de la Rosa, Daniel Malpica y Efraín Velasco. Los narradores serán Iris García Cuevas, Iliana Vargas, José Noé Mercado, Astrid Paola Chavelas y Paul Medrano, y los cuentistas, Javier Reyes y Salvador Calva Carrasco.

“Son autores que está promoviendo la Revista Tierra Adentro, que acaban de publicar en ella o que están por publicarse sus libros, aunque también contemplamos autores que no han sido publicados pero que trabajan con la interdisciplina.

“Por ejemplo está Efraín Velasco un poeta que publicó años atrás en Tierra Adentro pero que ha trabajado mucho con las obras visuales y su relación con la poesía, lo que le permitió crear unos video poemas.

“Está también Luis Alberto Arellano, un autor publicado recientemente que tiene un libro de poesía y ensayos que toca las zonas límites de la interdisciplina y las dinámicas de la escritura. También se encuentra Zulaí Macías, quien trabaja con una mezcla especial de dramaturgia y danza”.

Para conocer los horarios de las actividades del encuentro y seguirlo se puede visitar el perfil Tierra Adentro en Facebook o consultar el sitio www.conaculta.gob.mx/tierra

jueves, mayo 17, 2012

Saturniana

Antes de saltar por la ventana, el sueño despega una a una las pestañas de esa mujer, para que entre a sus ojos, neblinoso y de un azul opaco, el último día de su vida.

Ya en la noche vislumbraba que el último punto del último párrafo se estaba configurando. Ya en la noche había sido atropellada por una consola de erratas estridentes. Ya en la noche le había quedado bien claro: alguien, el que había dejado aquel mensaje escrito con gis negro sobre la tabla clara del comedor, había planeado para ella otra vida en otra tierra:

Nunca serás princesa y mucho menos reina de ninguna historia.
Ningún canto inspirará nunca tu incoherencia,
tu desatino de observador cejudo, tu tropiezo constante
entre roca y agua, atroz y convulsa palabra salina.
No serás
siquiera
un esbozo de imagen acrayolada sobre la pared,
línea
incrustada en el árbol adolorido,
marca de pintura en un auto accidentado.
Dolor de nada, de nadie.
Sonrisa de nada, de nadie.
Sombra de la voz de fuego,
de la tempestad
cruentísima y sonora.
Tus palabras son tu única escucha y respuesta:
no hay más que silicio en la lengua de quien dice conquistar tus entrañas.


de la tempestad
cruentísima
y sonora

de la tempestad
cruentísima y sonora


de la tempestad cruentísima y sonora

de la tempestad
cruentísima
y
sonora


Fin del delay:
los restos secretan huellas de materia efervescente en la plasta dúctil y platinada
que ahora forma su cuerpo desmembrado sobre el árbol que la recibiera.

Ambos, árbol y restos,
son absorbidos por una ventosa de luz que craquela el pavimento.


jueves, mayo 03, 2012

Para no perder el nombre: Guadalupe Dueñas

El siguiente texto es una presentación que debía publicarse en una plaquette/homenaje a Guadalupe Dueñas; sin embargo, por no cumplir con los tonos institucionales, no se incluyó.
Comparto también un breve texto que en su momento apareció publicado en la Revista de Bellas Artes, en el que, de manera soslayada pero ácida, la autora hace una reflexión crítica y atinada sobre el entreguismo de ciertos escritores.


Guadalupe Dueñas fue narradora, guionista de telenovelas, ensayista y colaboradora de algunas revistas literarias, particularmente de Ábside, la primera en publicar uno de los textos que conformaría, en 1954, Las ratas y otros cuentos, plaquette con la que se daría a conocer como narradora de una visión muy particular, “extraña” para la mayoría de sus contemporáneos.
A partir de ese momento, Guadalupe Dueñas empezó a vislumbrar un universo poco explorado por otros escritores de la literatura mexicana contemporánea, específicamente de mediados del siglo XX: los temas tratados por esta autora abrevan del humor negro, la ironía, la crítica incisiva, el horror y elementos muy particulares de la literatura fantástica, sobre todo, la trasgresión de lo sobrenatural a través de animales o personajes con los que se convive a diario pero que no suelen tenerse en cuenta o a la vista.

Dueñas construyó su propio panorama creativo a la par de otros proyectos curiosamente relacionados con la labor literaria: bajo la producción de Ernesto Alonso, realizó cerca de 50 guiones para telenovelas; entre las consideradas de “mayor rating” se encuentran Leyendas de México (1968); Carlota y Maximiliano (1965); La máscara del ángel (1964); y Las momias de Guanajuato (1962), esta última basada en el cuento “Guía de la muerte” de la propia Guadalupe Dueñas y en cuya adaptación trabajó a lado de Inés Arredondo, Vicente Leñero y Miguel Sabido como co-guionistas.
“Guía de la muerte” había sido publicado en 1958 como parte de Tiene la noche un árbol, con el cual obtuvo el Premio José María Vigil 1959. Poco después, entre 1961 y 1962, fue becaria del Centro Mexicano de Escritores; sin embargo, transcurrieron catorce años para que apareciera su siguiente libro, No moriré del todo (1972), en el que los tonos irónicos y la atracción por lo insólito, lo terrible y una introspección angustiante determinaron la voz narrativa de la autora. Esta fuerza en su escritura se vio enriquecida años después por la explotación de lo atmosférico en los cuentos que conformarían su último libro publicado, esta vez casi veinte años después que el anterior, y en cuyo título se adivina una sentencia: Antes del silencio, donde se hace presente más que en los libros anteriores, el espíritu lírico de Guadalupe Dueñas trasladado a una prosa pululante de imágenes oníricas, apariciones, juegos en donde es difícil determinar el umbral que se cierra cuando el sueño acaba.

Además de su obra narrativa, Guadalupe Dueñas escribió una serie de breves ensayos dedicados a diversos personajes de la vida cultural en México. Se trata del libro Imaginaciones, que, como el título afirma, es eso, un ejercicio a la manera de Vidas imaginarias de Marcel Schowb, en este caso basado en algunos rasgos característicos de autores que interesaban a Dueñas.
La única antología en la que participó fue Pasos en la escalera. La extraña visita.
Girándula
, un libro colectivo publicado por Porrúa en 1972, donde se proponía el desarrollo de tres cuentos con los mismos títulos por parte de las autoras incluidas: Carmen Andrade, Beatriz Castillo, Guadalupe Dueñas, Margarita López Portillo, Mercedes Manero, Ángeles Mendieta y Ester Ortuño, cuyos textos iban acompañados de dibujos originales de Elvira Gascón.

El material que se reúne en esta plaquette sirva para conocer, de manera somera, el espíritu de esta narradora de lo fantástico que, tras diez años de su muerte, nos visita con la intención de recordarnos que la literatura mexicana tiene una identidad que está más allá de los elogios y la condescendencia entre escritores, de las cuestiones de género, de las imposiciones de estilos que están a la moda: la literatura mexicana contemporánea tiene algunos autores que han escapado de la farándula para preocuparse por escribir.


Yo vendí mi nombre
| Guadalupe Dueñas



Como algunos venden su alma y otros venden su cuerpo y otros más su sombra y hay quienes venden pájaros, yo vendí mi nombre. Consta de cinco letras. Es un nombre pequeño y un apellido muy largo, que en tiempo no remoto, alcanzó fama y pudo cotizarse como alta moneda. Apareció junto a plumas reconocidas y estuvo precedido por títulos de sabios y pro-hombres.
El misterio de su ampulosidad no viene a cuento. Baste saber que conservo en oro sus iniciales y que existen aulas y bibliotecas bautizadas con mi nombre. Grabado estuvo en universidades, y no faltaron editores que lo adoptaron por bandera izándola en las cúpulas. Otros muchos esculpiéronle en muros y portadas. Entretejían las mayúsculas con hilos de plata y sombreaban las vocales con acerinas y esmalte. Convirtióse en símbolo, en aleluya, en buen agüero, en triunfo y en sonido glorioso. En ese entonces, periódicos y revistas nacionales y extranjeras, se atropellaban por consignarlo, por encabezar sus columnas con los augustos rasgos de mi pertenencia. Los lectores enrojecían de emoción al hallarlo en enciclopedias, en semblanzas, en biografías y en números antológicos destinados a la eternidad, y aun en reseñas de modas. El mundo lo alquilaba sin reparar en el precio. Avanzó en popularidad como los mitos que la credulidad agranda. Adorno fue de la palabra; labios encumbrados lo envidiaban, hasta que un día, un desdichado día, empezó a apagarse con la prisa de las luciérnagas que dejan en sombra el paraje de la noche más obscura.

Restos de su gloria quedaron atrapados en artículos de segunda. Revistas no informadas retuvieron los jirones alfabéticos, los caracteres degradados, las letras que al transcurrir del tiempo perdían equilibrio como los epitafios de las tumbas olvidadas por los deudos. Las vocales disparáronse a manera de luces pirotécnicas.
Fue el comienzo de una tortura mortal. La mengua reducía el nombre cada vez más y más. Aparecía distorsionado o con letrilla microscópica del todo indistinguible. Nadie exigía las bélicas mayúsculas de trazo gótico, nadie extrañaba las alas de cuervo que rubricaron el nombre caído en desdicha, sucio de polvo como corcel abatido y sin dueño.
La adversidad propició el desacato de escribir las iniciales cuando se habla del D.F. Los letreros fueron empalideciendo.
Las publicaciones que ostentaron escandalosos ribetes con gualdas, suprimieron las gárgolas y los arabescos hasta que las consonantes danzaron derrengadas y sonámbulas. Con frecuencia fallaban letras o aparecían tan borrosas como si un designio infernal se anticipara a su cancelación.

El calvario se agrava. Ahora, antes de que amanezca, me dirijo anhelante al primer puesto, al vendedor más cercano, al gacetillero, al pepenador de desechos, para revisar meticulosamente cada publicación y comprobar si aún figura mi nombre aunque sea en el directorio; con mano temblorosa y ávida, abro las páginas, los dedos se me hacen huéspedes, con esfuerzo olvido el llanto que me causa ver en algún rincón mi nombre de pila o la inicial perdida del apelativo que ya nadie reconoce.
Confidencias afanosas o malignas me hacen saber que las directivas tratan el conflicto de suprimir el nombre que se les ha quedado fijo como una alcayata. Sé que quienes votan por el aniquilamiento, encuentran tibia persistencia en románticos añorantes de la firma que no tienen valor para desterrar de su paginario.

Un pudor no exento de amargura me hace cavilar en la manera de liberarlos a todos de la pesantez del nombre cuyas letras cadavéricas encenizan sus revistas. He llegado a sentir agradecimiento cuando alguien lo suprime sin ceremonias. Insoportable es irse muriendo a pedazos, mejor dicho a letras; un puntillo hoy y un acento mañana; ahora el rasgo de la T no aparece; más adelante el diéresis y luego la R y la M y aun la Y, que es tan poco socorrida en nuestro idioma. Lo capto todo. La fisura de mis tímpanos recoge las murmuraciones y a pesar de núbiles cataratas que entresolan mis pupilas, adivino el desdén y las muecas de repudio. Con las yemas de mis dedos palpo negativas y razones. En la rajadura de mis labios y en mi lengua reseca sopla el aire salado que dispersa mi nombre. Padezco comentarios y juicios sin poder darme a la fuga. “Dicen que ya no escribe, que está ciega”.
¡Bah! –“Estar ciego es estar muerto”.
Se desentienden de mi presencia. A veces rampo, me agazapo, ruedo, me deslizo, hasta las redacciones donde otrora pidieron de rodillas mi colaboración eterna. Los amigos de antaño ya no me conocen. Han ensordecido en el ruido de nueces de los manejadores de frases.
Un terror supersticioso me invade, un terror ajeno a vanidades y a esperanzas: la certidumbre de que en cuanto la última letra se esfume y el punto final se diluya sobre el papel como una lágrima, mi vida, frágil e inútil vida, será un renglón en blanco como el de los presuntuosos de ayer que ignoran su anonimato, aunque su engreimiento es sólo corrupción aprisionada en una fosa.

viernes, noviembre 25, 2011

Historia de una mesAlterada


¿Por qué una mesAlterada?

Resulta que un día estábamos platicando sobre la manera en que los mexicanos somos tan dados a recibir, muy amablemente, lo que se produce en el extranjero: alimentos, ropa, accesorios de uso cotidiano como ipods y computadoras, películas, música, exposiciones, literatura, etcétera. Por supuesto no es nuestra intención dejar de consumir lo que nos guste de todo ello y mucho menos hacernos una capa con la bandera mexicana y enarbolarnos el cuerpo de nacionalismos férreos. En realidad lo que ocurrió fue que nos preguntamos: ¿Y la producción mexicana, a dónde llega, quién la compra, quién la pide, quién la necesita?
Particularmente en las cuestiones literarias –que son nuestras prioridades puesto que a ellas nos dedicamos en tanto que creadores, lectores, investigadores y difusores– nos preguntamos: ¿A quién influye o ha influenciado un autor, una corriente, un movimiento, una propuesta literaria mexicana en el extranjero? Porque una cosa es, nos respondimos, que algunos escritores extranjeros mencionen en algún prólogo, artículo o entrevista a Octavio Paz, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Amado Nervo y Sor Juana; pero de ahí a que alguien haya aceptado alguna vez que ha leído, no un poema o una novela de los autores mexicanos “más reconocidos”, sino por lo menos la mayor parte de su obra y que ello les haya influenciado de alguna manera en su trabajo creativo, no tenemos noticias o registros.
Y curiosamente, los escritores mexicanos no se cansan de enlistar a los extranjeros de distintos países, épocas y corrientes literarias. A ellos les dedican estudios académicos, ensayos, artículos, reseñas e incluso hacen traducciones de su obra. Aquí es donde cabe volverse a preguntar: ¿y de los mexicanos, cuándo, cómo, en dónde, quién, se ha afanado de la misma manera? Por supuesto que ha habido encuentros internacionales de poesía; intercambios promocionales/literarios en el sentido de “yo te publico y tú me publicas en mi revista o en una antología”; ferias de libro en el extranjero donde se dan a conocer las “novedades literarias de los autores más renombrados en México”; pero, un diálogo verdadero, a fondo, creemos que no se ha dado.
¿Y por qué?, nos volvemos a preguntar. Pues porque, para empezar, quizá los escritores y estudiosos extranjeros no encuentran en México una “oferta” literaria que valga la pena de estudiarse, no se diga ya leerse, lo cual no debería sorprendernos si tomamos en cuenta que nuestro país –tal vez sin que lo notemos de manera consciente– se ha forjado a partir del reciclaje y de la reproducción de modelos económicos, políticos, culturales y artísticos de otros países.
Esto no tendría que ser terrible si hubiera una retroalimentación equilibrada de lo que se importa y se exporta, esto es, que así como en México el mercado editorial está abierto a autores y editoriales extranjeras, ocurriera un exacto visceversa. El problema es, y volvemos a la literatura, que la poesía y la narrativa mexicana (por mencionar sólo los géneros más “populares”) se han impregnado tanto de influencias extranjeras, que hasta el día de hoy no se ha registrado una propuesta estética literaria lo suficientemente fuerte, capaz de ser un referente más allá de las visiones circunstanciales –todo aquello que testimonia un momento histórico/social específico–; institucionales –todo aquello que se enlista en alguna de las nóminas de los grupos que se distribuyen el poder y los erarios públicos–; mediáticas –todo aquello que se muestra como “lo más representativo de México a nivel internacional” y alternativas –todo aquello que se produce de manera autogestiva y se distribuye de mano en mano, en el mercado underground o en donde se les permite previo acuerdo. En este caso la producción literaria es, en cantidad, igual o mayor a la institucionalizada, pero en ocasiones se vuelve repetitiva en el afán de dejar en claro su marginalidad, y difícilmente plantea una propuesta estética concreta.
Entonces, volvimos a preguntarnos, ¿qué ha pasado con los creadores de la literatura mexicana; por qué en la historia literaria hay un punto de fuga en el que los movimientos que trataban de surgir y plantear alguna estrategia esquemática distinta en el siglo XX no lograron tomar fuerza y cimentarse (pero no para instituirse permanentemente, sino para dar paso a su natural transformarción/ derivación/ oposición); por qué, cuando la década de los setenta parecía ir marcando un buen camino en cuanto a pluralidad de propuestas estéticas en diversas disciplinas artísticas, de pronto hubo un tope, una especie de pausa, como un cohete que se arrepiente de culminar en explosión (como si alguien se hubiera dado cuenta de que la pluralidad es muy difícil de controlar y más vale jalar la cuerda y engavetar bajo llave todo lo relativo al concepto propositivo)? ¿Por qué seguir permitiendo que se avale la homogeneización, los métodos y modos a seguir, los cánones oficiales, el reciclaje?
Marco ya había planteado, en dos textos, gran parte de estas cuestiones (“Por una poesía evolucionaria” y “Poética de la inconexión”); sin embargo, quienes se interesaron por el tema y lo apoyaron diciendo que había que escribir y platicar mucho sobre ello, nos fueron dando pauta para que esta mesa surgiera, pues una de las opiniones constantes era: “el problema con los escritores y estudiosos es que no se dejan cuestionar, o se niegan a responder”.
Y tantas preguntas no pueden contestarse entre dos personas que comparten experiencias, críticas y visiones al respecto. Por ello decidimos abrir un diálogo con creadores, investigadores y comunicadores que tienen en común la diversidad de sus perspectivas. Y aceptamos la iniciativa de uno de ellos, Ángel Carlos, de que la discusión y el cuestionamiento se hiciera en la mesa de la casa, de forma tan natural como estábamos discutiendo sobre varios temas aquella tarde, pues no sería necesario un mantel de paño verde ni un señalador con nuestros nombres y mucho menos estar sobre un estrado para hablar, preguntar, escuchar, encontrar puntos en común y divergencias; proponer.
Finalmente, ¿por qué Alterada? No es que estemos planeando discutir a tal punto que todo derive en una gran pelea argumentativa. No. Lo que queremos es darle su lugar a la alteración en el sentido de búsqueda de un diálogo libre de prejuicios, inteligente, sin agresiones pero capaz de defender sus puntos de vista sin temor a ser reprimido.
Alterada, porque es necesario dar un salto de página y alterar, en el sentido creativo, crítico y de estudio, a la literatura mexicana y a todo el aparato que la rodea y de distintas maneras la manipula.

jueves, septiembre 29, 2011

18 de abril


Abriles literarios es un proyecto en curso sobre la aparición de la fecha 18 de abril en algún documento, de ficción o no, que se refiera al ámbito literario. Este proyecto no obedece a otro compromiso más que a la curiosidad sana y propia de la que aquí suscribe. Como soy asidua a la numerología, la idea es compilar 38 fragmentos (como los que aparecen a continuación) que harían referencia a la edad en la que aquellos nacidos un 18 de abril de 1978 deberían dar por terminado su ciclo de vida; ello, repito, siguiendo una teoría de la numerología que dice que la edad de muerte de una persona está indicada en su fecha de nacimiento.
Hasta ahora he encontrado que la fecha aparece en una entrada de diario que forma parte de un libro de Emiliano González; en una entrada del diario de Alejandra Pizarnik, y en una nota "reveladora" relativa a Virginia Woolf (dejo el enlace de la página que a mi parecer relata de manera más literaria dicha nota).
Por último, la imagen que ilustra esta entrada es de Leonora Carrington, se llama "El baño del pájaro" y la realizó en 1978. La elegí porque mi lectura del acto representado se refiere al bautismo como rito de iniciación, y qué mejor espíritu que el de Leonora para que ejecute el "golpe iniciatorio" en esta nueva búsqueda.

18 de abril, 1907

¿Y si la literatura, por el contrario, fuera una forma de la mística? Diríamos, en consecuencia: “Mientras más literario es un poema, más místico es”. Dos personas se debaten en mi interior.

Emiliano González /"El discípulo: una novela de horror sobrenatural" (Manuscrito de Aurelio Summers // a)La escritura verde) en Casa de horror y de magia, Joaquín Mortiz,1989

18 de abril de 1941

El 18 de abril de 1941, 21 días después de que Virginia Woolf se ahogó en el Río Ouse, su cuerpo fue encontrado por un par de niños. Virginia fue incinerada y sus cenizas fueron enterradas bajo uno de los 2 olmos en Monk’s House.
http://www.filmica.com/jacintaescudos/archivos/007350.html

18 de abril de 1965, Buenos Aires

No escribo más este diario de manera continuada. Tengo miedo. Todo en mí se desmorona. No quiero luchar, no tengo contra quién luchar. Todo esto es tan viejo, tan cansado. Ojalá pudiera no mentir nunca.

Alejandra Pizarnik/ Diarios, Lumen, 2003

martes, septiembre 06, 2011

No viven, arrastran


Buscando lo que no buscan: desarmarse sin saber que se desarman. Llorando lo que creen que no lloran: trastocan el invento, deslumbran sus propios ojos colgados de los árboles, secan el fruto recién esperanzadamente parido. No persiguen lo que persiguen obstinadamente: son incapaces de dejarse en paz la costra que, hecha para no olvidar el dolor, da comezón a diario. No dicen lo que estalla en sus párpados caídos en la luz de la nostalgia: gritan, acusan la imposibilidad de desempantanarse, de avanzar con las piernas y el cuerpo limpio, con la arañada conciencia en vías de regenerarse. No añoran lo que perdieron en el fuego, en el óxido, en la telaraña del desasosiego gratuito, del sufrimiento como impostura para jugar al maniquí azotado por la feroz incontinencia de la vida: no lo añoran porque lo sueñan, porque lo acunan en sus tiempos de ausencia, en sus idas al espejo: solos y vacíos. Ah! Pobres puntos apagados, enanas blancas esperando la consumación de su tiempo: no merecen ni un poco de asterisco ni satélite en mi galaxia de los puntos reflexivos. Puedo mirar sus cascarones, sus miradas autoconsumidas, sus corpulencias tintineantes e indefinidas, su inaplazable necesidad de robar a los otros lo que no pueden producir por sí mismos: sobrevivencia autogestiva. Es fácil identificarlos, incluso hablarles y soportarlos: hay que engañarlos haciéndoles creer que creemos sus engaños; no tomamos en cuenta ni sus insultos ni sus alabatorios; no nos interesamos en sus eufóricos proyectos que, como todo lo eufórico, se apaga con su propio incendio; no les hacemos ningún daño, por el contrario, les queremos, les alimentamos el ego y les decimos lo que quieren escuchar con tal de que no sospechen nunca que sabemos lo que de ellos creen que ignoramos: así son los fantasmas de reflexiones puntillosas: escarabajos cósmicos condenados a vagar en túneles que conectan cientos de galaxias: condena ganada a causa de haber sobrepasado la ruta tarifaria de vida que les fue concedida.

lunes, agosto 22, 2011

Sintaxis neurastenia

¿De qué manera la neurastenia afecta la percepción sensorial? ¿Podría considerarse a la neurastenia una afectación parecida a la sinestesia en cuanto que afecta a determinadas estructuras del cerebro y estas estructuras, por lo general dirigidas a la percepción, afectan la relación del cuerpo con el exterior? ¿La neurastenia es un estímulo modificador de los sentidos que, al alterar la forma de percibir lo que rodea al cuerpo, altera también la manera de expresar lo que le sucede en un contexto creativo? ¿La neurastenia podría ser entonces un estímulo activo que, al modificar la expresión corporal, modifica la sintaxis del lenguaje comunicativo y por ende del lenguaje creativo? ¿Puede controlarse y manipularse la neurastenia?
¿La sintaxis modificada a causa de la neurastenia es aplicable sólo al lenguaje poético, en el que las estructuras son susceptibles de modificarse lúdicamente para transmitir imágenes e ideas, o también al lenguaje prosódico, en el que subyace, casi siempre, una estructura cuya intención fundamental es comunicar una serie de eventos que obedecen a un orden cronológico, aunque no necesariamente lineal?

miércoles, agosto 10, 2011

Entre Amado Nervo y Amparo Dávila

Escribí el siguiente texto para la sección "Conexiones" de la Revista de Literatura del INBA, propuesta de Alberto Chimal en la que se busca establecer alguna relación entre autores que no coincidieron en tiempo y espacio, pero que comparten algún rasgo en sus propuestas literarias.
El sitio electrónico que aloja a la revista todavía está en construcción, pero en cuanto esté disponible, indicaré aquí mismo el enlace. Por ahora lo comparto aquí con ustedes.

TRANSGREDIR LA MUERTE: AMADO NERVO Y AMPARO DÁVILA

1. Nervo ominoso
La selección de los textos fantásticos de Amado Nervo (Tepic, Nayarit, 1870 –Montevideo, 1919) realizada por José Ricardo Chaves en la antología El castillo de lo inconsciente ha dado pie para revalorar la experimentación y búsqueda estética en la narrativa de un Nervo de quien era más conocida la voz humorística y sarcástica en sus crónicas y estampas, donde describe la incursión de los avances científicos a la vida cotidiana del siglo XIX en México. Aunque antes de que se publicara esta antología ya se conocían algunos textos sueltos –principalmente “El donador de almas” y “El sexto sentido”– que lo identificaban como precursor de la ciencia ficción mexicana, y por ende, de la literatura fantástica del país, es con esta antología que la propuesta de lo fantástico nerviano (como lo llama JR Chaves en su prólogo) cobra una forma más exacta y comprensible, resultado de una mezcla de sus raíces románticas y modernistas: “Las tensiones de la pareja, los miedos del enamorado, la mujer imposible de alcanzar, en fin, los asuntos amorosos que podrían haberse desarrollado en un registro realista y sentimental, en Nervo dan pie a diversas narraciones en las que esos problemas domésticos se vinculan con lo misterioso y fantástico. La alteridad erótica que la mujer representa respecto al hombre se manifiesta, en el tratamiento que hace Nervo, en alteridad fantástica, con todo lo ominoso que pueda conllevar.”
Y lo ominoso es, en este caso dentro del cuento “El diamante de la inquietud”, la influencia de alguien que ha muerto en quien le sobrevive, la manera en que la vida cotidiana y el destino quedan completamente trastocados a causa de un muerto.
En su cuento, Nervo empieza a crear un ambiente en el que nos introduce a la extrañeza dentro de una realidad que había descrito como cotidiana, una realidad en la que dos personajes comunes se conocen y empiezan a dialogar, y en vez de partir hacia el lugar común con el que se construye el ritual de la seducción, la mujer detiene el impulso del hombre al que está conociendo, para prevenirlo de un destino inquebrantable:
No puedo revelarlo. Pero llegará un día, debe llegar forzosamente un día en que yo me vaya. Y me he de ir repentinamente, rompiendo todos los lazos que me liguen a la tierra… Nadie… nada, óigalo usted bien, podrá detenerme; ni siquiera mi voluntad, porque hay otra voluntad más fuerte que ella, que la ha hecho su esclava.
-¿Otra voluntad?
-¡Sí, otra voluntad invisible!... Escaparé, pues, una noche de mi casa, de mi hogar. Si amo a un hombre, me arrancaré de sus brazos; si tengo fortuna, la volveré la espalda, y, calladamente, me perderé en el misterio de lo desconocido.


2. Amparo intangible
Por su parte, Amparo Dávila (Los Pinos, Zacatecas, 1928), de cuyas influencias literarias sabemos apenas lo siguiente: “Durante esos años de enfermedad y aislamiento leí mucha poesía española contemporánea, especialmente a Prados, Cernuda y Aleixandre, y descubrí a los escritores que han sido básicos para mi formación literaria: Herman Hesse, Kafka y D.H. Lawrence” y que ella misma no se asume como escritora de lo fantástico a pesar de que sus cuentos vislumbran la constante de lo ominoso, lo onírico y sobre todo la cotidianidad que se rompe con algún hecho lógicamente inexplicable, tiende un lazo con Nervo al reconocer que: “hablo siempre de la muerte que fue una presencia constante durante muchos años de mi vida y sigue siendo una incógnita inexplicable, angustiosa y terrible que no logro entender, y hablo también del amor, lo mejor que la vida puede dar y me ha dado.”
Aquí es donde encontramos un diálogo entre Amado Nervo y Amparo Dávila, sobre todo en los cuentos que conforman Árboles petrificados, y específicamente en “El abrazo” y “Árboles petrificados”, que bien podrían ser un solo texto.
Sin embargo se trata de un diálogo a manera de un juego de reflejo cruzado: si en el texto de Nervo el destino de Ana María está ya predeterminado, en los textos de Amparo Dávila prevalece siempre la posibilidad de soluciones alternas, pues construye personajes cuyo destino, aparentemente inquebrantable, es susceptible de ser modificado, como sucede en “El abrazo”:
Se quedó sin saber qué hacer o qué pensar, paralizada, como si de pronto hubiera caído en el vacío, debía ser la sorpresa, la emoción de volver a verlo cuando ya no abrigaba ninguna esperanza y, también, ¿cómo entenderlo, cómo explicárselo?, el no saber si sería su cuerpo, ese cuerpo que ella conocía tan bien, o si sólo sería humo o algo que se deshiciera entre sus manos, ella había visto la caja bajando hacia la fosa, también entonces se había preguntado una y mil veces si era él, su cuerpo, el que había dentro de aquella caja metálica que no había podido abrir, porque resultaba superior a sus fuerzas y porque no era posible que él estuviera ahí dentro, rígido, muerto…
Así, parece que Dávila responde, con sus textos donde prevalece un tipo de personaje femenino planteado por Nervo, a una inquietud constante en éste: ¿es que acaso los muertos terminan de irse alguna vez?; ¿es que acaso la presencia de los muertos llega a difuminarse del todo en algún momento?; ¿de qué manera pesan ellos todavía en la vida cotidiana de quien ha compartido la vida, sobre todo la vida amorosa con un muerto?
Si entendemos que uno de los preceptos básicos de lo fantástico literario es la irrupción de la vida cotidiana a causa de un hecho sobrenatural, qué más sobrenatural puede haber que la presencia constante de un espíritu de un hombre o mujer muerto en la vida de quien le recuerda, y que este recuerdo sea tan fuerte que pueda olérsele, pensársele, hablársele, estrechársele, temérsele: corporeizarlo nuevamente, como sucede a Marina en “El abrazo”:
Marina comenzó a percibir un olor, como de azahar o de limón o de hojas de naranjo, un perfume que invadía la habitación. Se olió las manos, no olían a nada, a jabón quizá; aspiró hondamente; era el olor que tanto le gustaba, el olor de él, a limpio, a lavanda. “Los aromas permanecen como los recuerdos, se quedan para siempre”.

3. Interdicciones
Esta permanencia de la que habla Dávila parece dar seguimiento al diálogo que sostienen Ana María y su esposo en el cuento de Nervo, cuando el misterio que la envolvía ha sido develado para establecerlo como conflicto real:
–Él ya desapareció. On ne peut pas vivre avec les morts (No se puede vivir con los muertos), dice el proverbio francés.
–¿Qué sabes tú? –me respondió con voz temerosa y con una extraña vehemencia–. ¿Qué sabes tú?... ¡Los muertos se empeñan a veces en seguir viviendo con nosotros!
El muerto, asomado perpetuamente a mi existencia, ¿qué pensaría de mi infidelidad? ¡El muerto! Te aseguro que desde que “él” se volvió invisible, lo siento con mayor intensidad a mi lado; y desde que me casé contigo, más aún. En todo rumor, en el viento que pasa, en los silbos lejanos de las máquinas, en el choque de los cristales de las copas y los vasos, ¡hasta en el crujir misterioso de los muebles advierto que hay tonos e inflexiones de reproche! Y me miran con reproche las estrellas, y viene cargado de reproches el rayo de luna, y el hilo de agua que corre, y las ondas del mar que se desparraman ondulando por la arena, se quejan de mi inconstancia, dando voz al alma del desaparecido. Tienes en él un rival implacable…

Es justo en estos párrafos donde se establece una conexión entre ambas voces. Aunque sus personajes hayan llegado a tales estados por vías distintas (en “El diamante de la inquietud”, a causa de la promesa hecha al amado antes de que éste muriera; en “El abrazo” y “Árboles petrificados” a partir de evocaciones que transgreden el ámbito mental y se materializan), ambos expresan el conflicto que prevalece en el tormento constante de estar divididos en dos realidades. Finalmente, en “Árboles petrificados”, Amparo Dávila se concentra en la mujer que ha debido sacrificar el amor de alguien más, alguien que está muerto y a quien no ha prometido nada, pero a quien asume que pertenece:
Siento que me está mirando fijamente y suspira, debe estar cansado, bosteza, ha de ser ya muy tarde, bosteza otra vez y comienza a desnudarse. La ropa va cayendo sobre la silla, la cama se hunde cuando se sienta a quitarse los zapatos. Se mete bajo las cobijas pegándose a mi cuerpo y empieza a acariciarme. Quisiera poder decirle que no me toque, que es inútil, que no estoy aquí, que sus labios no busquen los míos, yo ya he salido, ya estoy lejos conduciendo el automóvil por la avenida de los sauces, oyendo el zumbido de las llantas sobre el pavimento, viendo de reojo cómo avanza la aguja en el cuadrante… necesito llegar pronto, la calle se alarga hasta la eternidad, un hombre me saluda y sonríe, no quiero hacerte esperar, paso las luces rojas, sólo importa llegar, me has estado esperando a través de los días y los años, a pesar de la dicha y la desdicha, por eso es tan cierto nuestro encuentro, no hay otra manera de decirlo.
Mientras que Nervo otorga una solución inesperada al conflicto planteado desde el principio, pero insiste en la permanencia del mismo aunque se haya trasladado a otra víctima:
Le vencí, porque Ana María no se fue al dichoso convento a vivir exclusivamente para él, y por otra razón esencial: porque ahora iba yo a ser para el alma de mi amada el verdadero ausente, en vez del difunto… ¡iba yo a ser para ella el muerto! … ¡Ah!, si algo llevamos de nuestras pasiones, de nuestros apegos al otro lado de la sombra, si la muerte no nos deshumaniza y nos descasta por completo, el fantasma aquel, que tanto daño me hizo, habrá tenido a su vez celos de mí en su lobreguez silenciosa. De mí, el ausente de su mundo, el amado después de él, el verdadero muerto…

Aunque son pocos los estudios en torno a la obra de Amparo Dávila y su obra poco difundida y conocida hasta hace un par de años, después de publicarse una edición de sus Cuentos completos (FCE, 2008), es evidente la fuerza que radica en su propuesta de lo fantástico por la naturalidad con que explora y explota lo ominoso y ofrece umbrales donde confluye lo onírico con lo más mundano de lo real, creando así, situaciones donde lo confuso se transforma en un estado de extrañeza permanente. Asimismo, valdría la pena retomar la propuesta de lectura realizada por José Ricardo Chaves a la obra narrativa de Amado Nervo, para descubrir las variantes que toca, a través de sus ficciones, incluso las más cortas, de las posibilidades de lo fantástico.

Fuentes consultadas:

AUTORES VARIOS, Los narradores ante el público, Joaquín Mortiz, 1966.
DÁVILA, AMPARO, Tiempo destrozado, FCE, 1985. Música concreta, FCE, 1964. Árboles petrificados, Joaquín Mortiz, 1977.
NERVO, AMADO, El castillo de lo inconsciente. Antología de literatura fantástica (selección, estudio preliminar y notas de José Ricardo Chaves), CONACULTA, Lectura Mexicanas, 2000.

Enlaces:

http://www.letraslibres.com/index.php?art=13852
(Rafael Lemus sobre Cuentos reunidos, de Amparo Dávila)

http://www.ciencia-ficcion.com.mx/?uid=2&cve=11:05
(Miguel Ángel Fernández sobre la Ciencia Ficción Mexicana)

http://www.amadonervo.net/narrativa/minificciones02.html
(Ana Vigne Pacheco sobre Las minificciones de Amado Nervo)

lunes, julio 25, 2011

Guadalupe Nettel sobre sus Pétalos

La tercera temporada del Kalindrafario se inaugura con la traducción que hice de una breve entrevista realizada a Guadalupe Nettel sobre los temas que aborda en el libro de cuentos Pétalos y otras historias incómodas, publicado hace tres años en México y traducido hace un año al francés.
Me pareció necesario hacer esta versión al español de su discurso porque creo que es una de las autoras a las que se les conoce poco y se les juzga fácilmente, atribuyendo a su escritura una limpieza y una hechura impecables en la que hace falta, según los comentarios que he escuchado y leído, una pizca de evocación imaginaria y un tratamiento menos evidente de lo anormal.
Sin embargo, creo que su expresión de lo anormal se plantea desde un punto de vista que radica en la exploración de la vivencia propia, y por lo tanto no necesita imaginar cómo afrontaría determinada situación un personaje con alguna rareza particular, sino cómo reacciona el entorno -con todo y sus personajes y estructuras establecidas- a cierta rareza, que es natural en el personaje. La rareza y lo natural: la complicación cotidiana de la convivencia humana: la incomprensión de uno mismo que imposibilita la comprensión del otro: fuerza de voluntad para avanzar en el conocimiento de uno mismo para conocer al otro = ligar la vida y la literatura para situar en un punto específico y geográfico de la vida a la literatura.
Aquí sus palabras:


"Continuamente me preguntan por qué escogí hablar del valor de la anormalidad de algunas personas y por qué mis escritos se refieren de manera cruda al cuerpo: los olores y todo lo relativo a las secreciones.
La normalidad es una especie de prejuicio que existe en nuestra sociedad, donde se supone que la gente debe ser de cierta manera, tener cierto tipo de cuerpo, un cierto tipo de comportamiento, y lo que sale de los parámetros convencionales es considerado anormal.
Creo que los seres humanos somos capaces, muy capaces, de ver la belleza en las obras de arte: cuando miramos una pintura abstracta, no decimos “esta pintura debería ser más grande o más estrecha, o más alta o más pequeña, o tener otros colores que no están ahí”. Somos capaces de ver la belleza en el cuadro por lo que está ahí, y no por lo que debería ser. Es parecido con las plantas: cuando miramos una planta no decimos “esa planta debería ser más alta o más pequeña, o tener un follaje más complejo o más grande”; decimos ella es bella porque es, ella es bella porque es única, es la razón por la que no se parece a ninguna otra planta.
Entonces, cuando miramos a los seres humanos, no sé por qué razón no tenemos esta apertura de espíritu, esta apertura del corazón –porque la belleza la vemos con alguna parte del corazón– y por el contrario, estamos juzgando con los parámetros convencionales. Por ello, lo que yo quisiera es señalar el hecho de que todos los seres humanos tienen características que les distinguen de los otros, y que todas estas características que quisieran borrar o esconder de la belleza de cada persona, es en realidad lo que les otorga la belleza única y diferente, como sucede con una planta o con una obra de arte.
Con el amor pasa algo muy parecido al tema de la belleza: es cierto que en algún momento, cuando nos enamoramos, estamos totalmente absortos y miramos a la persona como un ser celestial. Pero en realidad, mientras más pasa el tiempo y mientras más conocemos a la persona, mientras más convivimos con ella, nos damos cuenta que esa persona, que percibíamos más como una imagen, es en realidad un ser humano como todos los otros, que tiene una humanidad que implica olores y secreciones. Aceptar a una persona con toda esta humanidad es lo que realmente hace que el amor dure más tiempo. El cine suele mostrarnos relaciones de parejas a través de imágenes planas que no reflejan la realidad, porque, como decía, la vida en pareja se aprende en la aceptación total de la humanidad de la persona con la que uno comparte la vida, y creo que es eso sobre lo que yo me enfoco en esta selección de textos."