miércoles, agosto 31, 2005

No entiendo ya, "lo macabro"

Terminó el festival de Cine Macabro en la Cineteca, y aunque no pude ver más que dos cintas y un corto, concluí que no sé qué es lo que entendemos como macabro, qué es para un creador de cine o para uno de literatura, o tal vez, para uno de música.
Esta confusión se debe quizás a que al entrar iba dispuesta a dejarme asustar, a meterme por completo en la historia, dejarme llevar por las imágenes y sentir los sobresaltos, la sorpresa. Pero la sorpresa fue que después de una hora de empezada la cinta (Audition), lo único que me mantenía atenta era la pregunta constante en mi cabeza:"¿A qué hora va a pasar algo?"; y luego, cuando comenzó a desencadenarse el misterio y "lo inesperado", todo se volvió un poco confuso, onírico, y lo peor: risible. ¿Por qué ahora las escenas llenas de sangre y tortura dan risa? ¿Por qué las cintas tienen que sustentarse de esta manera, en vez de que sus guionistas se preocupen por construir un buen argumento?
Me da la impresión de que suele confundirse lo gore con el terror, o en este caso, lo macabro; como si la nueva fórmula fuera mucha sangre + mucho cuerpo despedazado+ mucha incoherencia=buena película. Entonces, aquí habría que detenerse y replantearse o preguntarse si quiera: ¿qué es lo macabro? Estrictamente, no sé si exista una definición o un esquema, que en realidad de nada serviría, porque ya sabemos que las definiciones siempre terminan por expandirse, abrirse, mezclarse y crear sincretismos, posibilidades de incluir esto y aquello... enriquecerse, que a final de cuentas es lo importante.
Sin embargo, en este caso, si se trata de armar y difundir un festival de cine -exclusivamente- macabro, creo que sí valdría la pena especificar a qué se refieren con ello, cuáles son los parámetros, los discursos o la estética... la propuesta, pues.
Yo había relacionado lo macabro con algo menos visual, con una sensación, con un proceso más psicológico, tal vez; con una situación en donde hay algo inquietante, algo que no se revela o que se va revelando despacio, con atisbos, con claves; algo que se desarrolla con un proceso de intriga, que asusta no por el aspecto físico de sus personajes, sino por lo terrible o espectral que puede ser alguien, sin necesidad de ataviarse con disfraces, maquillaje o baños de sangre.
Tal vez yo lo planteo desde un punto de vista muy literario, pero creo que en el cine también se puede lograr, a menos que las nuevas tendencias exijan mayor explotación del morbo visual y menor trabajo de argumento, no lo sé.
Un caso distinto fue el de Aire, que tampoco le ví lo macabro por ningún lado, pero que a cambio ofreció una propuesta más experimental, -y no experimental en el sentido en que todos hacen cosas que no saben cómo llamar y para salir pronto del apuro las etiquetan así- también con descuartizamientos y sangre, pero no giró alrededor de ello. Digamos que fue como un retrato del lado oscuro de los personajes más comunes y corrientes de nuestra sociedad, una especie de crítica-sarcasmo, una visión existencial, o más bien, una propuesta reflexiva sobre la existencia, la vulnerabilidad, la simpleza del ser humano y su innecesaria búsqueda de conflictos y complicaciones consigo mismo y con los demás. El fotógrafo manejó un ambiente de decadencia e irrealidad -o realidad exagerada- mezclando la percepción adulterada y alterada de lo cotidiano a causa del exceso de droga, alcohol, violencia, y sobre todo, vacío. Eran personajes ociosos, que hacían cualquier cosa -de plano cualquier cosa- por vivir algo distinto, aterrador, incoherente.
Pero insisto, lo macabro no lo encontré, o no entendí cómo lo manejaron, en qué momento se volvió parte de la historia o de algún personaje.
Las otras películas que se incluían en el programa ni siquiera se me antojaron. Leí las sinopsis, ví los carteles, y la duda se gestó...

miércoles, agosto 24, 2005

Ícaros de metal

...El accidente de Tans se debió a vientos cruzados, señaló el representante de la compañía, Jorge Beleván, quien no obstante no confirmó el número de muertos y heridos. Según la organización Aviation Safety Network, la empresa peruana Tans, acumula desde 1992 seis accidentes.
La tragedia de hoy es la quinta que involucra a aviones de líneas comerciales en lo que va del mes. Los cuatro anteriores dejaron un saldo de 294 muertos y tres desaparecidos.
La semana pasada, el martes 16 de agosto, un MD-82 de la empresa colombiana West Caribbean se estrelló en Venezuela matando a sus 160 ocupantes. Tres días antes un Boeing 737 de la aerolínea chipriota Helios, se estrelló cerca de Atenas, falleciendo los 121 pasajeros y tripulantes.
El 6 de agosto, un biturbohélice ATR-42 perteneciente a una empresa tunecina se precipitó en el Mediterráneo, cerca de la costa de Sicilia, dejando 13 muertos y tres desaparecidos. Y el 2 de agosto un avión Airbus A340 de Air France en Toronto, se incendió al aterrizar, pero no hubo víctimas fatales gracias a la rápida evacuación de sus 309 ocupantes, y sólo se reportaron unos 40 heridos.
(de La Jornada)
Y Mote dice que estas cosas no pasan todos los días. Pero me queda claro: quien quiera volar, que se implante unas alas de águila, halcón, gaviota, albatros, o qué se yo. Tal vez la industria de la clonación pueda ayudar en algo...

martes, agosto 23, 2005

Cortazarianas III

Iba el joven pensando en lo que debería comprar para preparar la comida antes de que su hambrienta amada llegara a casa. Había pasado dos estaciones desde que subió al metro, cuando le llamó la atención el fuerte olor a quemado que empezaba a filtrarse por la ventana, pero se intrigó más al mirar el humo que acompañaba a aquel olor. La gente empezó a alarmarse, pues el humo pronto inundó el vagón y parecía que la velocidad disminuía. El joven también se impacientaba, sobre todo porque miró hacia el vagón vecino y no alcanzaba a distinguir más que la blanca densidad del humo... Al fin llegaron a la siguiente estación, y antes de decidir si bajaba y se iba caminando a casa, el joven fue arrastrado por remolinos de mujeres histéricas que habían tomado a sus hijos en brazos y salían corriendo, gritando: "¡El metro se está quemando!", realmente angustiadas y desesperadas. Y ni qué decir de la gente que salió huyendo del vagón vecino, algunos llorando de miedo... El pánico se desencadenó a lo largo del andén y todos los vagones fueron desalojados entre atropellos.
Ya en la calle, sin dejar de pensar en la irresponsabilidad de los encargados del mantenimiento, el joven recordó haber escuchado un sonido como de algo reventándose antes de percibir el olor a quemado y el humo blanco... Plástico. Llanta. Refacción... Qué miedo.