Quiero creer que alguno de ustedes se vio desconcertado al notar la ausencia de escritos en este espacio durante más de tres semanas. Ya sé que hablar en plural al dirigirme al lector es bastante inocente, pues de cierto sólo conozco a una persona que visita continuamente este blog, pero es mi amigo y podría creerse que eso es trampa. Sin embargo sí es válido dirigirme a tal lector en plural, pues si alguna vez alguien más que él lee lo que escribo y se anima a seguir la siguiente indicación que es entrar a su canciondeinvierno.blogspot.com, descubrirá que mi amigo -tal vez por eso, entre otras cosas lo es- padece de esquizofrenia.
Pues bien, les decía que estoy conciente del tiempo que ha pasado desde la última vez que hice alguna anotación aquí. Podría haber ido a un café-internet (sigo sin entender lo del café, porque en efecto fui una vez en esos días y no había cafetera o mínimo alguien que te ofreciera una tacita y que lo fuera a comprar a otro lugar), pero ¿gastar $20.00 por un servicio que puedo obtener gratis en el trabajo? Porque no voy a tardar 10 minutos en escribir lo que debo, y quien haya estado ahí sabrá que mínimo se pasa una hora como si nada, o sea $10.00, digamos que en este caso el "tiempo sí vale oro" mmm, o pesos -devaluados- mmm, o dinero, pues. Además yo estaba segura de que en cualquier momento la máquina iba a regresar a la normalidad después de hacer su berrinche y dejarme con la página en blanco y un montón de letritas negras para hacerme saber que no había conexión a internet... En ocasiones pude valerme de la configuración de red y por lo menos se abría alguna página, pero la cosa se complicaba cuando necesitaba poner la clave.
¿Y se imaginan por qué ocurrió todo este desajuste que terminó en caos por varios días para la mayoría de los que "laboramos" aquí? Pues por el huracán. Sí; lo más raro es que fue un día después de que ya había pasado por la península, y en teoría debía haberse terminado. Llovió terriblemente en la tarde y el aire fue tan potente que tumbó varios cables de por aquí, algunos de luz y otros de teléfono... ¡Ajá! Desde entonces hasta hoy pasábamos siete horas incomunicados e inventando cosas para no dejar que el fastidio se desencadenara y nos odiáramos unos a otros. En fin, muy bien sé que esto es una mera frivolidad comparado con el desastre apocalíptico que el huracán causó en los estados del sureste, y casi me avergüenzo de haberle dado tal importancia, pero así fue y punto.
Ahora bien, saben que no me gusta abandonarme a las frivolidades, así que durante ese tiempo en que no hubo conexión de ningún tipo también me llegaron noticias de conocidos que sí fueron literalmente devastados por el huracán (ya saben que las malas noticias siempre llegan más fácil y rápido). Y pues sí: casas destrozadas o inundadas, hambre, mucha enfermedad, desempleo. Es de esas veces que uno quiere sacar lo que tiene en sus ahorros y mandarlo, pero luego piensa un poco y se pregunta ¿quién va a ayudarme después para lo de la renta? Y pues no: uno no puede dárselas de ángel de la guarda de cientos de desafortunados.
Así que mientras yo me acongojaba viendo las fotos en el periódico, a Jorge, el papá de Mote, se le ocurrió la siguiente idea, que espero varios más que el lector esquizofrénico tomen en cuenta y se animen a participar:
1.) Se abrirá una convocatoria para artistas plásticos y visuales (pintores, escultores, dibujantes, grabadores, fotógrafos...) interesados en donar una o varias obras que se expondrán para ser vendidas al público asistente.
2.) El dinero obtenido se entregará íntegro a algún responsable que lo haga llegar a alguna de las comunidades más afectadas por el huracán. Se sabe que todas fueron afectadas terriblemente, pero seguro hay alguna o varias que no ha recibido ayuda.
3.) Por el momento se espera que la exposición se lleve a cabo en la casa de cultura Reyes Heroles de Coyoacán; al menos Alejandro Bichir, el director de la casa, ya accedió a que Rocío (mamá de Mote que trabaja ahí) la organice.
Es probable que surjan dudas sobre el paradero final del dinero que se obtenga en este evento; sin embargo pido su colaboración y confianza, ya que me consta que Rocío es suficientemente responsable y tan buena administradora que es capaz de ir hasta allá personalmente y verificar que todo se cumpla como debe ser.
Por el momento es todo lo que sabemos al respecto, agradezco desde ahora a quienes ya se hayan apuntado y les pido que estén al pendiente para que les avise la fecha y el lugar definitivos.
miércoles, noviembre 09, 2005
lunes, octubre 10, 2005
Artistas suicidas
En el escrito anterior no me dio tiempo de llegar al punto que me interesaba. Me gusta hablar del suicidio, me ha llamado la atención desde que descubrí a Nerval, a Novalis, a escritores que han muerto debido a alguna enfermedad crónica causada por vicios y abusos; suicidas a su manera.
Pero debo aceptar que esta primera fascinación por el suicidio estaba influenciada por la literatura y filosofía del romanticismo, incluso estoy segura que era más una aceptación y atracción tácita que un convencimiento propio. Y así seguí, leyendo e investigando muy formal, muy objetiva, con la distancia que debe haber entre el estudiante y sus autores, hasta que descubrí a Alejandra Pizarnik. Leer su poesía y pequeños textos en prosa fue como recibir un golpazo en la cabeza, como sentir que una voz propia disfrazada de un espíritu ancestral entraba por mis ojos y se disolvía en mi cuerpo de tal forma, que llegué a estar convencida de que en realidad, cuando ella murió, su espíritu entró al cuerpo de mi madre y me lo traspasó al engendrarme y parirme. Desde entonces he buscado todo lo relativo a su vida, a su poesía, sus ensayos, su prosa. He descubierto que después de su suicidio se creó un mito con su figura, convirtiéndola en un personaje del que de pronto todos hablaban, al que todos rendían homenaje, a quien todos querían leer. La definían como una mujer atormentada, depresiva, esquizofrénica; de hecho, la fama que adquirió se debió más al tiempo que permaneció en el psiquiátrico y a lo incomprensible que se fue volviendo su escritura que a su verdadero trabajo, al esfuerzo que realizó para escribir y encontrar la manera de que el lenguaje y las palabras trascendieran el papel y ocuparan un espacio en la realidad tangible.
Bueno, pero más adelante le dedicaré un texto especial. Por ahora sólo quiero contarles que fue gracias a ella que empecé a percibir y comprender el suicidio desde un punto de vista más vital; digamos, hay quienes viven el suicidio a diario, saben que será su muerte natural, y hay quienes sólo recurren a él al final, guiados por la desesperación, el miedo o la apatía.
Pues bien, así como mi poeta suicida favorita, hay muchos otros artistas suicidas cuya obra ha resultado transgresora, hiriente, codificada en muchos sentidos para los sentidos (aunque debe recordarse que ya había mencionado que el hecho de ser suicidas no es un estigma que implique calidad). En fin, habrá que indagar más a fondo para encontrar puntos en común o contrarios específicos, pero creo que la constante es el sentimiento que provocan después de leer, escuchar o mirar; es algo raro que uno aprende a reconocer aunque no a describir... Es una especie de felicidad apagada, de tristeza eufórica, de vitalidad sin esperanza, sin destino; es la necesidad de expresar cada momento presente porque se tiene la certeza de que no habrá un después, un momento futuro para recordar.
***
Y ahora se preguntarán a qué viene todo esto. Resulta que el jueves pasado me enteré que el próximo 20 de octubre se inaugura en el MAM una exposición de Mark Rothko, pintor dedicado a la abstracción y exaltación del color. Sabía que ya había muerto, pero después supe que se suicidó a los sesentaitantos (ya contaré su historia con más detalle).
Al otro día, husmenado en el periódico, encontré una nota que me llamó la atención por el encabezado, pero que me atrapó en cuanto la leí. Es sobre la escenificación de una obra de teatro cuya autora también se suicidó. Pero además, la obra es la última que escribió y debido a que cuenta la historia de un suicida, hay quienes leen en ella un aviso de su propio suicidio; hay quienes encuentran una búsqueda de esperanza, de razones para vivir.
Los dejo con la nota y una cordial invitación a que asistan a la obra, a que visiten la exposición de Rothko y a que lean la poesía de Pizarnik.
Por primera vez en México, pondrán en escena Psicosis 4:48 de Sarah Kane
Esa historia no debe verse como un aviso de su suicidio, considera el director del montaje
CARLOS PAUL
Considerada como la mejor obra de las cinco que escribió la joven dramaturga británica Sarah Kane (1971-1999), Psicosis 4:48 será puesta en escena por primera vez en México.
La anécdota de la pieza gira en torno de los últimos ocho minutos que faltan para que la protagonista decida si ingiere o no las pastillas que controlan su psicosis.
Kane irrumpió en el ámbito teatral a los 23 años de edad con Devastados, a la que siguieron El amor de Fedra, Purificados, Ansia y Psicosis 4:48, título este último que alude, según investigaciones, a la hora en que ocurren más suicidios en Gran Bretaña y que igual coincide con el momento de mayor lucidez de los pacientes siquiátricos, luego de pasar el efecto de los fármacos tomados la noche anterior.
Autora de culto a escala internacional
Por su singular talento y sus provocadoras y desgarradoras temáticas, Kane es considerada en la actualidad una de las dramaturgas de culto a escala internacional.
Su vida está marcada por el suicidio. En cierta ocasión ingirió grandes dosis de antidepresivos y barbitúricos. Esa vez recibió ayuda a tiempo y se recuperó. Pero en febrero de 1999, tomó más precauciones. Tras ingerir un cóctel fatal de fármacos, se cortó las venas y ahorcó en el hospital donde ella misma se había internado dos días antes. Tenía 28 años.
Meses antes Kane había escrito su última obra, Psicosis 4:48, la cual para el creador escénico Ignacio Ortiz y los actores Arturo Ríos, Ana Graham y Laura Almela, director e intérpretes de la misma, ''no debe tomarse como un aviso de su futuro suicidio. Por el contrario, es un texto de absoluta lucidez y reflexión de la autora, en el que se constata que cuando la escribió no estaba loca", pues, subraya Ríos, ''se ha creado el mito de que esa obra y el suicidio muestran lo que le pasó. Hay que ver a Sarah Kane por su creatividad de dramaturga y por lo que deseaba expresar con su teatro".
En esa obra hay entre paciente y médico una confrontación feroz de puntos de vista, una lucha entre la teoría de él y la filosofía de ella en defensa de su vida y dolor. Aquí la autora explora los límites entre lo que es considerado una conducta normal o sicótica.
Lo interesante, por un lado, explica Ignacio Ortiz, ''es el proceso que ella sufre en esos ocho minutos. Por otro, respecto a cómo esta escrito el texto, es que no están acotados ni el género ni el número de personajes, lo que permite una variedad de lecturas que no obstante siempre reflejan la misma cuestión".
En esta obra, para Ortiz, la preocupación central se enfoca ''en el deseo de ser amada, anhelo de todo ser humano. Se ha dicho de Kane y su dramaturgia que es una autora depresiva y no lo creo así; pienso que más bien es una dramaturga esperanzadora, en el sentido de que deja en sus textos ese deseo de ser amados, como única manera de vivir en un mundo lleno de atrocidades".
El interés por esta obra ha llevado a otras compañías a montarla. Tan es así, que durante este octubre se escenificará en ciudades de Estados Unidos, Bulgaria, República Checa, Gran Bretaña, Alemania, España e Irlanda.
Es una pieza, comenta Arturo Ríos, ''que toca fibras muy dolorosas y que requiere de un esfuerzo mental del espectador, quien de alguna manera debe ir armando la historia".
Psicosis 4:48 será estrenada el viernes 14 a las 20 horas en El Granero, espacio donde Por Piedad Teatro Producciones escenificó Devastados y Ansia. Funciones lunes y viernes a las 20 horas, sábados a las 19 y domingos a las 18 horas.
Esa historia no debe verse como un aviso de su suicidio, considera el director del montaje
CARLOS PAUL
Considerada como la mejor obra de las cinco que escribió la joven dramaturga británica Sarah Kane (1971-1999), Psicosis 4:48 será puesta en escena por primera vez en México.
La anécdota de la pieza gira en torno de los últimos ocho minutos que faltan para que la protagonista decida si ingiere o no las pastillas que controlan su psicosis.
Kane irrumpió en el ámbito teatral a los 23 años de edad con Devastados, a la que siguieron El amor de Fedra, Purificados, Ansia y Psicosis 4:48, título este último que alude, según investigaciones, a la hora en que ocurren más suicidios en Gran Bretaña y que igual coincide con el momento de mayor lucidez de los pacientes siquiátricos, luego de pasar el efecto de los fármacos tomados la noche anterior.
Autora de culto a escala internacional
Por su singular talento y sus provocadoras y desgarradoras temáticas, Kane es considerada en la actualidad una de las dramaturgas de culto a escala internacional.
Su vida está marcada por el suicidio. En cierta ocasión ingirió grandes dosis de antidepresivos y barbitúricos. Esa vez recibió ayuda a tiempo y se recuperó. Pero en febrero de 1999, tomó más precauciones. Tras ingerir un cóctel fatal de fármacos, se cortó las venas y ahorcó en el hospital donde ella misma se había internado dos días antes. Tenía 28 años.
Meses antes Kane había escrito su última obra, Psicosis 4:48, la cual para el creador escénico Ignacio Ortiz y los actores Arturo Ríos, Ana Graham y Laura Almela, director e intérpretes de la misma, ''no debe tomarse como un aviso de su futuro suicidio. Por el contrario, es un texto de absoluta lucidez y reflexión de la autora, en el que se constata que cuando la escribió no estaba loca", pues, subraya Ríos, ''se ha creado el mito de que esa obra y el suicidio muestran lo que le pasó. Hay que ver a Sarah Kane por su creatividad de dramaturga y por lo que deseaba expresar con su teatro".
En esa obra hay entre paciente y médico una confrontación feroz de puntos de vista, una lucha entre la teoría de él y la filosofía de ella en defensa de su vida y dolor. Aquí la autora explora los límites entre lo que es considerado una conducta normal o sicótica.
Lo interesante, por un lado, explica Ignacio Ortiz, ''es el proceso que ella sufre en esos ocho minutos. Por otro, respecto a cómo esta escrito el texto, es que no están acotados ni el género ni el número de personajes, lo que permite una variedad de lecturas que no obstante siempre reflejan la misma cuestión".
En esta obra, para Ortiz, la preocupación central se enfoca ''en el deseo de ser amada, anhelo de todo ser humano. Se ha dicho de Kane y su dramaturgia que es una autora depresiva y no lo creo así; pienso que más bien es una dramaturga esperanzadora, en el sentido de que deja en sus textos ese deseo de ser amados, como única manera de vivir en un mundo lleno de atrocidades".
El interés por esta obra ha llevado a otras compañías a montarla. Tan es así, que durante este octubre se escenificará en ciudades de Estados Unidos, Bulgaria, República Checa, Gran Bretaña, Alemania, España e Irlanda.
Es una pieza, comenta Arturo Ríos, ''que toca fibras muy dolorosas y que requiere de un esfuerzo mental del espectador, quien de alguna manera debe ir armando la historia".
Psicosis 4:48 será estrenada el viernes 14 a las 20 horas en El Granero, espacio donde Por Piedad Teatro Producciones escenificó Devastados y Ansia. Funciones lunes y viernes a las 20 horas, sábados a las 19 y domingos a las 18 horas.
viernes, octubre 07, 2005
Suicidas de visita
El suicidio ha dejado de ser un tabú del que no se habla, del que no se sabe, del que no se tiene conciencia. Cada vez son menos quienes temen recibir un castigo post-mortem, qué peor castigo puedo recibir que estar vivo, piensan a cada minuto; y también es cada vez menos exclusivo de los enfermos mentales, artistas depresivos o enamorados no correspondidos. A menudo encontramos en los encabezados de periódicos amarillistas o en las noticias transmitidas por canales y en horarios populosos, historias trágicas que remiten al suicidio de personas de diferentes edades, la mayoría desesperadas por su situación económica, por la dificultad para encontrar trabajo, por no tener un lugar en la universidad o la preparatoria; en recumen, por no poder ser parte activa de esta sociedad a la que muchos se refieren, más en serio que en broma a partir de su experiencia cotidiana, como selva de asfalto, término que empezaba a usarse a principios de los ochenta, y que a muchos les parecía exagerado, pero ahora, ¿quién puede negar que en una ciudad como la nuestra sólo sobrevive el más fuerte, después de eliminar a todo contrincante débil que encuentre a su paso? La sobrevivencia a la que me refiero excluye, por supuesto, a descendientes de familias acomodadas, quienes viven muy bien y nunca han tenido necesidad de solicitar un empleo ni la curiosidad de averiguar de dónde viene tanta riqueza; o a descendientes de familias que poco a poco, a fuerza de mucho trabajo han logrado obtener casa propia, autos, uno que otro lujo (en estos casos, los que mantienen el hogar pocas veces suelen disfrutar sus bienes materiales, pues siguen trabajando para no perder lo que han conseguido); o a todos aquellos que conforman la minoría de la clase social alta de nuestro país.
Pues bien, a pesar de que el suicidio siempre ha estado al alcance de todos, y la gente siempre ha sido libre de ejercerlo, sólo ahora se ha vuelto popular.
***
Sin embargo, el suicidio siempre ha sido una constante en el entorno artístico, ya sea como tema inevitable en obras poéticas, teatrales, narrativas algunas veces, y ensayísticas (aunque el ensayo es más contemporáneo, pues lo escrito ahí surge después de haber sido escrito todo lo anterior). El esplendor del siglo XIX en Alemania y Francia, por ejemplo, se debió en su mayor parte al sentimiento suicida que rondaba las ciudades, los callejones, las tabernas, los cafés; y en consecuencia la obra de autores que se quitaron la vida, afortunadamente, después de imprimir su huella en el papel.
Después de ellos, han sido menos los casos, y tal vez por ello más identificados, de los artistas suicidas. ¿Qué hay en un artista que le facilita acudir al suicidio? ¿Será la misma desfachatez que le facilita dedicarse a la pintura, a la escritura o a la música? ¡Ah!, porque además, quienes se dedican a estas necedades, son quienes más han muerto por propia mano; o al menos de los que más se tiene noticia.
Claro que ser suicidas no garantiza que sus obras hayan sido buenas, que sus vidas hayan sido relevantes, que hayan sido mejores o más importantes que los demás. Su suicidio los hace famosos porque por lo general mueren jóvenes y en épocas donde religiosa y socialmente, todavía es difícil aceptar que ejerzan su libre voluntad para quitarse la vida. Pero sobre todo, porque la mayoría a quienes asombra este acto, ha decidido que morirá debido a muchas causas posibles, menos por una ingesta voluntaria de una caja entera de barbitúricos o cualquier otra cosa que implique asumir tal responsabilidad.
***
(Continuará)
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