Caminan las luciérnagas suspendidas en telarañas de algodón y caramelo. No lo saben, pero en cinco segundos, esta textura tan suave y amigable se transformará en densidad de planta carnívora que saliva el bocado seguro. Música de luz es el cuerpo de las luciérnagas. Música que defiende la sangre y el cuerpo con los gritos del sol y las galaxias de donde vinieron. Si se apagan, sus cuerpos absorben también la luz de los muertos huérfanos de tierra y mar; si se encienden, es porque han descansado en el lomo de los perros alimentados por las cicatrices que la luna ha dejado en los párpados de hienas que arden hasta la ebullición bajo su rayo de esperma helado y mercurio. Son luciérnagas de fuego, luciérnagas de incendios que renacen con las vibraciones perpetuas del canto del fénix, luciérnagas que vuelan cuando el alba pierde su blancura y el sol les disputa la luz con que alimentan a los hombres para sacarlos de su ensueño. Por eso danzan delicadamente sobre las cuerdas de la telaraña: cuando el caramelo sea ácido asfixiante, ellas serán esponjas de abismos donde el vacío da vida a la vida.
viernes, julio 16, 2010
C'est la vie ce qui donne la vie
Caminan las luciérnagas suspendidas en telarañas de algodón y caramelo. No lo saben, pero en cinco segundos, esta textura tan suave y amigable se transformará en densidad de planta carnívora que saliva el bocado seguro. Música de luz es el cuerpo de las luciérnagas. Música que defiende la sangre y el cuerpo con los gritos del sol y las galaxias de donde vinieron. Si se apagan, sus cuerpos absorben también la luz de los muertos huérfanos de tierra y mar; si se encienden, es porque han descansado en el lomo de los perros alimentados por las cicatrices que la luna ha dejado en los párpados de hienas que arden hasta la ebullición bajo su rayo de esperma helado y mercurio. Son luciérnagas de fuego, luciérnagas de incendios que renacen con las vibraciones perpetuas del canto del fénix, luciérnagas que vuelan cuando el alba pierde su blancura y el sol les disputa la luz con que alimentan a los hombres para sacarlos de su ensueño. Por eso danzan delicadamente sobre las cuerdas de la telaraña: cuando el caramelo sea ácido asfixiante, ellas serán esponjas de abismos donde el vacío da vida a la vida.
viernes, julio 09, 2010
Sonaja

Yo no entiendo qué pasa,
que cuando me río
salen de mi boca
catarinas de color magenta
con la panza llena de cascabeles y canicas
y las miro y pienso:
una sonaja que vuela...
Entonces río más fuerte
y no entiendo qué pasa,
que de pronto la risa es una avispa que se ahoga
y la enorme sonaja se cristaliza
y crece y se infla como vidrio al fuego
hasta explotar cascabeles y astillas
que iluminan el aire.
Monotipia: Miriam Puente
Zurcido luminar

Lo oí: el ruido blanco entre destello y destello del sonido saturado desenvolviéndose en los arcos de aquel patio de piedra me lo dijo. ¿Qué pasa con los sonidos que se vuelven imagen, que se vuelven palabra, que se vuelven color, que se vuelven universos evocados?
La música guarda entre los espacios que nacen del silencio y del tiempo entre cada golpe, un hilo narrativo que enlaza los sonidos como líneas en un diagrama punteado para crear una historia.
La música absorbe y nutre, se alimenta y alimenta, roba y llena el espacio aparentemente vacío.
La música parte de la más imperceptible hasta la más evidente sensación humana para transformarse en energía que exuda el cuerpo y traducirse en ruidos, tonos, silencios, gritos, murmullos, vibraciones viscerales que rebasan por mucho a lo anotado en una partitura.
La vida tendría que ser como la música que obedece a los impulsos espontáneos y efímeros: un sonido que explota y que recibe, a cambio, explosiones infinitas.
Aquí Boredoms: rayo que agujerea el cuerpo para zurcir en él marcas de luz:
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