Hola, quiero agradecer a quienes ya visitaron este lugar, y como pudieron leer antes, ya imaginarán lo que pasó: Me corrieron de la oficina, por lo que ya no tengo internet gratis a diario, y ahora tengo que venir a uno de estos lugares para enterarme de lo que pasa allá afuera. Espero no hayan creído que ya me rajé y no voy a escribir más, tal vez sólo no con la frecuencia que me gustaría, pero trataré que sea más de cuando que en vez... Pronto.
Por cierto, una de las razones por las que no me había asomado a estos lugares es que Mote ya inauguró su primera exposición individual, y quienes no fueron, se perdieron de una gran noche, pero todavía están a tiempo de mirar todos los cuadros, antes de que algunos pasen a ocupar su nuevo espacio en la pared de quien los compró. Es más, podrían ser de los afortunados que saldrán con uno... Bueno, si pueden, vayan, ya saben, en la Reyes Heroles, frente a la plaza de santa Catarina, coyoacán. Cierra el 2 de agosto.
jueves, julio 29, 2004
miércoles, julio 07, 2004
Qué pasará, qué misterio habrá...
No sé cómo va a acabar esto, pero de que se acaba, se acaba... Y yo que no soy de esas personas con contactos por todos lados para no preocuparme por quedarme sin trabajo; ahora sí: ¿Quién podrá defenderme para no ser parte de las estadísticas del desempleo?
Creo que ahora sí va a ser literal lo que decía Mote el otro día, cuando descubrimos que no somos parte de ninguna moda y que tal vez por eso a donde vayamos siempre nos ven feo. Un poco en broma, un poco en serio, dijo que debíamos inventar la moda clochard: no preocuparnos por la limpieza de nuestra ropa, y vivir de café y una torta de cuando en cuando. Sin embargo pienso en Alejandra y lo estimulante que resultaba para ella no tener trabajo y buscar todas las salidas posibles para seguir escribiendo sin preocuparse por falta de casa o comida. Nunca se confesó insegura por ese aspecto, y sería irónico que después de tanto leerla, yo no siguiera su ejemplo...Sólo que yo no puedo recurrir de nuevo a mis padres para que me sigan manteniendo a los 26.
Creo que ahora sí va a ser literal lo que decía Mote el otro día, cuando descubrimos que no somos parte de ninguna moda y que tal vez por eso a donde vayamos siempre nos ven feo. Un poco en broma, un poco en serio, dijo que debíamos inventar la moda clochard: no preocuparnos por la limpieza de nuestra ropa, y vivir de café y una torta de cuando en cuando. Sin embargo pienso en Alejandra y lo estimulante que resultaba para ella no tener trabajo y buscar todas las salidas posibles para seguir escribiendo sin preocuparse por falta de casa o comida. Nunca se confesó insegura por ese aspecto, y sería irónico que después de tanto leerla, yo no siguiera su ejemplo...Sólo que yo no puedo recurrir de nuevo a mis padres para que me sigan manteniendo a los 26.
jueves, julio 01, 2004
Cortazarianas
Ayer salí cerca de las 9 de la noche del trabajo. Cuando llegué al metro me apresuré para alcanzarlo, pues se estacionaba cuando yo pasaba el torniquete. Ya acomodada y bien agarrada del tubo, me quedé esperando a que sonara el timbre de aviso del cierre de puertas. La espera duró poco más de 30 minutos que se hacían cada vez más insoportables: la mayoría de la gente estaba cansada, malhumorada, somnolienta y hubo quien se dejó ganar por la histeria, pues le gritaban al chofer exigiéndole que avanzara, brincaban en el vagón, golpeaban las puertas.
Lo desesperante en mi caso era que tenía que aguantar porque Mote me estaba esperando en la siguiente estación, y aunque pensé que podría salirme y tomar un micro, recordé que no pasan muy seguido y en todo caso no sería la única que tomaría esa decisión. Estaba asomada en el filo de la puerta y vi que un señor salió muy enojado del último vagón, creí que tal vez se saldría y tomaría un taxi o un micro, pero se siguió de largo sobre el andén. No sé si le dijo o hizo algo al chofer, no alcancé a ver, pero casi enseguida sonó el tuuuuuuuuu, se cerraron las puertas y avanzó. Al llegar a Eugenia Mote me vio y se subió al vagón, pero el martirio comenzaba a repetirse, no llegó el timbre esperado y decidimos mejor irnos ya a la casa y dejar el café para otro día. En el camino me contó que ahí también se pusieron muy tensos, que gritaban y chiflaban mentando madres, hasta que toda la gente de un vagón se salió y fue a decirle o hacerle algo al chofer, y sólo entonces avanzó. Supongo que fue lo mismo que pasó en la estación donde yo esperaba, y tal vez en todas las de la línea... al mismo tiempo... "Cortazariano", le dije a Mote, y se empezó a reir, pero más risa me dio cuando vi que estaba leyendo Todos los fuegos del fuego, donde viene "La Autopista del sur".
Lo desesperante en mi caso era que tenía que aguantar porque Mote me estaba esperando en la siguiente estación, y aunque pensé que podría salirme y tomar un micro, recordé que no pasan muy seguido y en todo caso no sería la única que tomaría esa decisión. Estaba asomada en el filo de la puerta y vi que un señor salió muy enojado del último vagón, creí que tal vez se saldría y tomaría un taxi o un micro, pero se siguió de largo sobre el andén. No sé si le dijo o hizo algo al chofer, no alcancé a ver, pero casi enseguida sonó el tuuuuuuuuu, se cerraron las puertas y avanzó. Al llegar a Eugenia Mote me vio y se subió al vagón, pero el martirio comenzaba a repetirse, no llegó el timbre esperado y decidimos mejor irnos ya a la casa y dejar el café para otro día. En el camino me contó que ahí también se pusieron muy tensos, que gritaban y chiflaban mentando madres, hasta que toda la gente de un vagón se salió y fue a decirle o hacerle algo al chofer, y sólo entonces avanzó. Supongo que fue lo mismo que pasó en la estación donde yo esperaba, y tal vez en todas las de la línea... al mismo tiempo... "Cortazariano", le dije a Mote, y se empezó a reir, pero más risa me dio cuando vi que estaba leyendo Todos los fuegos del fuego, donde viene "La Autopista del sur".
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