miércoles, septiembre 28, 2005

Historia de nuestra hazaña II

Llegamos a París el 10 de septiembre de 2004. Salimos del aeropuerto de La Habana el 9 a las 3:00 de la tarde, ilusionados con la idea de que tal vez, al atravesar el Atlántico y llegar a un continente distinto, todo sería mejor, y sobre todo, extraño.
El vuelo estuvo más relajado que el primero. Nos tocó comida y bebida, por lo que aprovechamos para hacer nuestro primer brindis con vino tinto, y nos pusimos tan eufóricos que olvidé el miedo a la altura y las turbulencias. Por cierto, no sé a qué se debe, pero fue la borrachera más rápida y con menos cantidad de alcohol que hemos tenido.
Cuando apagaron las luces para que durmiéramos, estábamos todavía bien inquietos, revisando las direcciones de los hostales a los que podríamos llegar, planeando rutas en el metro, pensando en los primeros lugares que visitaríamos... De pronto Tonatiu dijo "Órale, ¿ya vieron?". Nos asomamos a su lugar y dijimos "¿Qué?". "¡Las estrellas!". Hicimos lo mismo que él, abrimos la ventanilla y nos pegamos al vidrio con la cobija sobre la cabeza, tapando la luz del avión. Era demasiado, la luna se veía clarísima y grande, y las estrellas estaban muy cerca, parpadeando a ritmos distintos, azules, verdes, rojas. Así nos quedamos un ratote hasta que nos empezó a dar sueño y frío. Marisol ya dormía desde hace rato, creo que ni comió, pues se había tomado unas pastillas para el mareo. El efecto del vino se estaba pasando, y los nervios empezaron a distraerme el sueño otra vez, pero me acomodé bien los audífonos con el canal en música clásica y me quedé dormida hasta que encendieron de nuevo las luces para darnos de desayunar y avisarnos que en una hora llegaríamos al aeropuerto.
Varios pasajeros empezaron a abrir las ventanillas y comenzó el descenso... Se veía la ciudad limpísima, se distinguían algunos edificios e iglesias que todavía no conocíamos, y por supuesto, la Torre Eiffel.
Al bajar del avión y avanzar por los pasillos siguiendo más a la gente que a los letreros o a la mujer en el altavoz, fue la primera vez que pensé "Ahora sí que estamos bien lejos". Sentí un poco de miedo, la verdad, al escuchar el francés en vivo, tan rápido, tan indescifrable, tan sin sentido. Me reí de mí misma recordando las tardes que pasamos leyendo, escuchando y repitiendo, siguiendo las instrucciones de un maestro imaginario en el casette del curso de francés. Y yo que me había emocionado porque llegamos al nivel 4... Por suerte, Mote había tomado un curso en el IFAL, así que de plano, se convirtió en nuestro traductor, intérprete y guía, hasta que descubrimos que algunas personas entendían el español, o en su defecto, el inglés. Hubo ocasiones en que tuve que usar una mezcla de todo para hacerme entender, o mejor dicho, porque se me "traspapelaban" las palabras.
Ya con las mochilas listas y una visita rápida al cajero, descubrimos que no estábamos donde creímos que íbamos a aterrizar, sino en el punto totalmente contrario: el aeropuerto de Orly. Sacamos la guía y tratamos de situarnos para buscar de nuevo las estaciones de metro y los hostales que nos quedaban cerca. Nos formamos en una fila donde la gente recibía mapas, boletos de metro e información. No entendí mucho de lo que explicaron, creo que ni siquiera sabíamos a dónde nos dirigíamos, pues ahora que lo recuerdo, pretendíamos llegar a un hostal recomendado por un amigo de Marisol, cuya única referencia era una estación de metro y una farmacia en la esquina.
Total que después de un buen rato de esperar, dar vueltas, preguntar por un camión y esperar otro, notamos una de las primeras cosas a la que deberíamos acostumbrarnos para facilitar los recorridos: el esquema de horarios que los medios de transporte cumplían puntualmente. Como estaba anunciado en el cartel del parabús, el camión llegó justo a las 11:13 y partió a las 11:20.
***

miércoles, septiembre 21, 2005

Y sigue el psicólogo...

Por andar de metiche en el blog de Tryno Maldonado, que me topo con un test de desorden de personalidad. ¿Por qué será que a la gente le gusta contestar tests, por muy absurdos o aburridos que sean? ¿Será que de alguna forma tratamos de conocer alguna parte de nosotros mismos que anda por ahí pero que no nos arriesgamos a identificar? ¿Será que es más fácil contestar preguntas anónimas que las de un amigo, un doctor o uno mismo? ¿Será que nos gusta autoengañarnos, sabiendo que la respuesta que obtendremos después de contestar, seguramente es un cliché, una generalización o cualquier cosa difícil de interpretar?
Lo que sí sé es que es entretenido, angustiante, sorpresivo, y peligrosamente adictivo. Aunque en la página insisten en que sólo un doctor calificado puede dar un diagnóstico certero, recomiendan que se tomen las medidas necesarias después de conocer los resultados...
DisorderRating
Paranoid Personality Disorder:Moderate
Schizoid Personality Disorder:Very High
Schizotypal Personality Disorder:Very High
Antisocial Personality Disorder:Moderate
Borderline Personality Disorder:Moderate
Histrionic Personality Disorder:Moderate
Narcissistic Personality Disorder:Moderate
Avoidant Personality Disorder:Low
Dependent Personality Disorder:Low
Obsessive-Compulsive Disorder:Moderate

-- Take the Personality Disorder Test --
-- Personality Disorder Info --

Discurso del psicólogo para quien peca de honestidad

Si usted tiene ganas de darse golpes contra la pared después de descubrir que ha revelado un dato que debió quedar en secreto para obtener una beca, no lo haga, pueden morir las neuronas que aún le quedan para aprender a mentir -o en todo caso quedarse callado- cuando es debido.
Tampoco se le ocurra deprimirse si dicha beca fue otorgada a un par de amigos suyos; mucho menos intente adivinar "en qué son mejores ellos", pues usted de antemano sabe que en este caso las comparaciones son inútiles e innecesarias, en principio porque no se duda de la calidad de ninguno, sólo son trabajos distintos, y enseguida, porque la calidad, en el caso de usted, no fue un obstáculo, sino un valor reconocido... Mmmmm. Algo no cuadra, pensará usted. Pero, ¿cómo iba a adivinar que primero debió renunciar a su centro de trabajo y después pedir la dichosa beca? No, ahora no lo intente, pues por fortuna aún conserva su trabajo, y además ha obtenido ayuda personalizada de un experto para corregir sus textos. Ahora sabe que de haber mentido le habrían quitado la beca de inmediato, y tal vez no la hubieran dejado volver a concursar después. Así que deje de quejarse, agradezca el reconocimiento, felicite a sus amigos, siga escribiendo y conténtese con eso.