miércoles, noviembre 30, 2005

Joel Rendón: Más allá de un minuto

Cuántas personas que alguna vez hayan visto esa pequeña cápsula de Estampa al Minuto no se han quedado con la duda de quién es ese extraño personaje que usa sombreros adornados con plumas de colores, que a veces se trenza el cabello o incluso se hace coletas o chongos; que algunos juzgarán de estrafalario por su vestimenta, claramente alterada por él: su chamarra tiene incrustaciones de cuentas de vidrio, sus pantalones a veces tienen parches o manchas, sus camisas suelen llevar motivos prehispánicos o de alguna comunidad indígena de nuestro país. Y cuántos más no habrán hecho bromas sobre la variedad de elementos en los que él ha demostrado que se puede grabar para realizar una estampa (sé de quienes dicen que sólo falta que saque un bolillo, una papa o un zapato y se ponga a rasparlo).
Pues yo tampoco tengo muchas noticias de su historia ni de sus actividades cotidianas, pero hay algo que puede revelarnos parte de este secreto: su trabajo como grabador. Hace un par de semanas se inauguró una exposición de sus grabados en la Galería José María Velasco, que supongo todavía puede visitarse.
Hay trabajos en distintos formatos y en unas vitrinas especiales se muestra algunas placas intervenidas con algún otro material que las aleja de su uso imprimible y las transforma en arte-objeto; también hay pequeños sellos de goma y libros en los que ha participado.
Aunque no es la primera vez que expone, creo que no se conoce mucho su trabajo como artista, y es una buena oportunidad para hacerlo. Hace como dos o tres años, antes de que salieran sus cápsulas en televisión, por mera casualidad y curiosidad asistí al Museo de Culturas Populares y encontré una serie de objetos estampados que me llamó la atención; descubrí que se trataba de una forma alternativa de adornar y apropiarse o individualizar el entorno que nos rodea. Había cojines, botellas etiquetadas, mantas, y no recuerdo bien qué más, pero sí recuerdo que fue muy agradable descubrir la capacidad creativa para aplicarla en fines prácticos, pues en todo caso, podría tomarse como una propuesta de comercialización de tales objetos como artesanías y no como obras de arte, aunque insisto en que la mezcla de ambos se puede identificar como arte-objeto. Lo triste es que su trabajo sirvió de ejemplo o motivación para que a muchos otros se les ocurriera estampar telas, cajas, lámparas y cuanta cosa pueda venderse; de hecho me parece que ha habido un incremento notable en la comercialización de tales objetos en los últimos cinco años, pero lamentablemente todo se queda en eso, una comercialización vana, superficial, fría, hecha a base de moldes o plantillas, sin identidad. Y además parece producción en serie, sin la audacia de experimentar con elementos y materiales distintos, como lo hace Joel Rendón.
Tal vez no puedan atestiguar lo que acabo de decir sobre sus objetos, pero sí podrán descubrir que no todo lo que se retome de la cultura prehispánica ha de convertirse en cliché, en mera imagen sin sentido. Joel reconstruye con un sincretismo propio, mezcla los elementos que están más presentes en su percepción de la realidad, le da forma al personaje que es nuestra incomparable ciudad; encuentra los rostros de secretos, de demonios, de animales que se desdoblan en lo vegetal y humano; características de las que erróneamente nos alejamos cada vez más.
Les invito pues, a que se encuentren de una forma distinta con este rárico, sonriente y creativo personaje. La galería está cerca del metro Lagunilla, sobre Peralvillo No.55, en la colonia Morelos, abre de martes a domingo de 9:00 am a 5:00 pm y la entrada es libre.
Sólo como precaución recomiendo que vayan temprano, digamos antes de las 2 de la tarde, pues debido al tianguis y mercado que están cerca, se hace difícil el tránsito.

lunes, noviembre 21, 2005

Pequeñita

En las noches, cuando repentinamente se quedaba sin energía eléctrica, ella cerraba los ojos para no mirar la oscuridad que le rodeaba.

viernes, noviembre 11, 2005

Luto en Radio Educación

Habrá quienes nunca han escuchado Radio Educación; habrá quienes no tengan idea de quién fue Emilio (en realidad ni siquiera quienes le escuchamos supimos bien quién era); habrá a quienes les de lo mismo que él se haya muerto, pues la gente se muere todos los días.
Sin embargo a mí me dolió la noticia y no la he asimilado del todo, sobre todo porque es uno de los recuerdos agradables de cuando era niña: a las seis de la mañana se levantaba mi mamá, y en lo que se iba a bañar nos dejaba el radio prendido para que nos fuéramos despertando, escuchando "De puntitas", uno de los tantos programas que él condujo. Luego, ya en el coche camino a la escuela lo seguíamos escuchando en el noticiero, y así cada mañana durante los seis años que estuve en la primaria.
Pero mi afición a escucharlo y escuchar diversos programas de la estación no acabó ahí; y se volvió un hábito encender el radio desde que me levantaba hasta que me iba a la escuela y luego al trabajo... La cálida voz de Emilio siempre daba los buenos días... En fin, esta es una de esas cosas que ni siquiera te detienes a imaginar que van a pasar algún día, hasta que pasan. Aunque descansa en paz, en realidad ha de seguir echando relajo desde allá; por eso desde acá yo le digo ¡Salud, buen Emilio!
Murió Emilio Ebergenyi, reconocida voz de la radio y la televisión cultural
Me gustaría que se me ubicara como un ''resonador social'', dijo en entrevista reciente
Sus restos serán cremados y sus cenizas esparcidas en el mar de Acapulco
PABLO ESPINOSA, FERNANDO CAMACHO Y ALEJANDRO GARCIA

El maestro Emilio Ebergengy trascendió ayer a las 11:30 horas, ''puntual como un programa de radio", según comentó su compañera, la también locutora Hilda Saray.
Sus restos mortales serán cremados y lanzados al mar de Acapulco, como fue su voluntad, así como el tener una vida digna hasta el último suspiro, decisión que también se encargaron de llevar a cabo sus hijos Ingrid y Víctor y su compañera, Hilda, quienes decidieron prescindir de todo medio artificial que prolongara ''una vida limitada" la noche del sábado pasado, luego de una operación de emergencia de la cual no se pudo recuperar.
Emilio Ebergengy ingresó al hospital ABC el sábado. Fue atendido por su médico de cabecera, el doctor Armando Kraus, y por el neurocirujano Roberto de Leo.
Luego del diagnóstico -edema subdural: una acumulación de sangre entre la corteza cerebral y el cráneo-, programaron una intervención quirúrgica de mediano riesgo para el lunes, pero la situación se complicó la noche del sábado, cuando tuvo un derrame cerebral masivo.
Consciente antes de entrar al quirófano, Hilda y Emilio bromearon: ''si me van a operar de la cabeza, al menos que no me extirpen el sentido del humor".
Así será recordado siempre uno de los protagonistas de la cultura mexicana del día a día. Emilio Ebergengy Matos, quien nació en la ciudad de México el 1º de septiembre de 1950 y durante más de tres décadas fue una de las voces más reconocidas y prestigiadas de la radio y televisión cultural del país, especialmente en Radio Educación, donde ya se prepara un homenaje en su memoria.
Por lo pronto, mañana sábado a partir de las 14 horas se realizará una ceremonia informal, pues también fue voluntad de Emilio prescindir de los velorios y los actos religiosos, a manera de despedida en Camino a Santa Teresa 1651, Jardines del Pedregal, cerca del Banco de Comercio Exterior.
Difícil, separarse del micrófono
En una entrevista realizada hace apenas unas semanas y sin saberlo nadie, Emilio vaticinó:
''A mí me sacan de Radio Educación con los tenis por delante. Es muy difícil separarse del micrófono. Cuando me dieron el premio por los 25 años de plaza federal en Radio Educación, me acordé mucho de Chucho Elizarrarás, quien me marcó mucho. Te puedo decir entonces que a mí me sacan con los tenis por delante."
La entrevista fue hecha por encargo de la Revista Tierra Adentro, para un número especial dedicado a la radio mexicana que aparecerá el 15 de diciembre. Le preguntó Alejandro García Vicente:
-¿Te consideras líder de opinión?
-No, en todo caso me interesaría que la gente me ubicara como un ''resonador social", eso es distinto. A mí no me interesa dictarle línea a la gente para que piense como yo. Más bien me interesa que lo que yo hago como locutor sea algo en que la gente se refleje porque es lo que nos pasa a todos. ''Comunicador" tampoco soy. Yo soy locutor, me gusta leer bien, me gusta leer correctamente, me gusta interpretar correctamente los textos, me gusta la entrevista, pero no en esta fiebre que se ha apoderado de los medios en México en las últimas décadas, en donde todo mundo tira de su ronco pecho cualquier cantidad de estupideces.
En medio de la consternación por la muerte repentina de quien es reconocido como la voz cultural de México y como uno de los actores más importantes de entre el amplio panorama de las artes escénicas de nuestro país, el testimonio de sus compañeros, colegas y el amplio público y amigos que lo tenemos en elevada estima, desgranaron la valía y la trascendencia de una vida consagrada al bien común, a la concordia social, a la alegría de la vida, al develamiento de sus misterios y el gozo, siempre el gozo, la ironía amable y la sonrisa plena.
Sus palabras: ''nos vemos, manito, un abrazo".