La libertad, la desazón de los poetas. La libertad, la bolsa de plástico que asfixia a la imaginación. La libertad, el tiempo que los presos deshebran al no tener pared contra la cual chocar sus cabezas y sus puños ansiosos. La libertad, el vacío de los cielos rasos, de las calles sonoras y apestosas, de los parques coloridos, plácidos, sin griterío de niños entusiasmados por llegar a lo más alto de la resbaladilla más alta, presurosos por caer.
No. La libertad no es esto, no es tiempo echado a perder atravesando caños y desagües, no es incertidumbre ni esperanza perdida, no es no saber qué hacer con las manos y los ojos y los pies. No es llenarse de angustia el estómago y la garganta sólo porque la ciudad es enorme y uno no sabe a dónde correr, y uno se queda ahí parado en el borde de la banqueta de la calle donde está el hospital en el que uno nació. Y uno mira hacia arriba buscando la ventana por la que hace tantos años la madre lo sostuvo a uno en sus brazos y le enseñó lo que había allá afuera, “este es el mundo”, decía ella… O tal vez “ese es el cielo, y esos son los árboles”… Seguro, debió ser eso lo que ella dijo, porque puedo mirar el cielo y los árboles, pero aún ahora, después de tanto tiempo, no sé cuánto me falte para alcanzar a mirar una centésima parte de lo que conforma al mundo. Y hablo de mirarlo, así de cerca, como cuando nos sumergimos con los ojos abiertos entre las olas de distintos mares, o cuando nos llenamos los zapatos y la ropa de distintas tierras, arenas y polvos, o cuando los distintos aires fríos y calientes nos despeinan de distintas formas los cabellos, nos entumen o acarician de distintas formas la piel, los músculos, los huesos. Así de cerca, yo no conozco ni la centésima parte de lo que conforma el mundo. Con todo y que ya llevo 28 años de estar viva, y que en todo momento soy libre de hacer lo que me dé la gana. ¡Ah! ¿Pero qué gana? ¿Qué libertad?
La libertad de elegir la trampa. La libertad de elegir el modo en que todo sea menos difícil. La libertad de limitar la imaginación de tal forma que lo que de ella nazca no sea ininteligible para los demás, porque en todo caso “¿para qué lo dices, si sólo tú lo entiendes?”. La libertad de guardarme el secreto, de decidir qué cuento y qué no. La libertad de conocer a gente tan distinta entre sí, que nada más de imaginarlos a todos juntos da risa… o miedo. La dicha de no tener que recurrir a un diccionario para saber lo que es la libertad.
jueves, abril 20, 2006
miércoles, abril 12, 2006
Que todavía no...
Ayer avisaron que las remodelaciones del nuevo Centro Cultural de Coyoacán tardarán en terminar más de lo previsto, por lo que la inauguración a la que les invité se pospondrá un par de semanas, tentativamente hasta el 12 de mayo. Pero no me adelantaré a hacer una nueva cita; sólo estén pendientes.
martes, abril 11, 2006
Muy pronto: nuevo Centro Cultural en Coyoacán
Últimamente el centro histórico de Coyoacán se ha vuelto uno de los espacios turísticos más concurridos por todo tipo de personas de nuestro país y de algunos otros; al parecer la mayoría de la gente que viene de vacaciones a nuestra ciudad (¿vacaciones en nuestra ciudad?) inevitablemente acude a ese espacio en busca de algo que nosotros, tal vez por estar habituados a ello, no podemos entender. Pero si se piensa bien, si se ha caminado por las calles no sólo del centro si no de sus alrededores en tardes o noches en que no está concurrido, podríamos coincidir en que por ahí hay cierto ambiente que traslada al paseante a un tiempo como desmembrado, a un espacio real pero fuera del de los demás.
Pero no se trata aquí de hacer una crónica de los recorridos por el barrio coyoacanense, en realidad quisiera compartir una buena noticia. El próximo 22 de abril se inaugurará un nuevo centro cultural en la plaza principal de Coyoacán. La idea es que funcione para promover el trabajo de jóvenes artistas plásticos, escritores, músicos, incluso hay un espacio para performance e instalaciones; al parecer la directora está interesada en aceptar todo tipo de propuestas, siempre y cuando se adecuen físicamente al lugar. Sin embargo, aunque suena muy bien, existe una contraparte que en cierta forma contradice el discurso original: hay que pagar por ocupar el espacio. Ya sabrán ustedes qué tipo de perro mordiéndose la cola implica esto, pues si se supone que se ofrece a artistas jóvenes, ¿de dónde sacarán el dinero para pagar por exponer, o leer, o tocar, o bailar?... No conozco las cifras ni las condiciones, tal vez pueda llegarse a arreglos distintos según la propuesta que uno le lleve a la directora, pero sé que, por ejemplo, en las casas de cultura se paga $500. 00 al día por el espacio ¡!.
Lo que hay que reconocer en este caso es que en vez de ocupar la casa (que tardaron años en remodelar) para darle cabida a oficinistas panzones, decidieron “darle prioridad a la cultura”. Yo sé que hacerlo ahí y no en otras delegaciones en las que hace falta más que un centro cultural para "darle prioridad a la cultura" suena igual de elitista y excluyente que la inauguración del Centro de Lectura Condesa (mismo que debería promover porque dependerá del lugar en el que trabajo, pero se me hace algo tan snob y ridículo abrir una casa vieja y llenarla de libros y sillones para que el que quiera vaya a aplastarse a leer, que no lo haré. Lo que sí vale la pena es que habrá programas de guías de lectura, seminarios y pláticas con diversos escritores, muy buenos la mayoría, pero insisto: ¿por qué en la condesa y no en la escuadrón 201?); pero habrá que aprovecharlo de alguna forma, y sé de alguien que será el primero en estrenarlo…
Pues sí: están todos invitados a la inauguración de Parasomnia Clochard, nueva exposición de Mote, que a su vez será parte de la inauguración de este centro cultural.
Todavía no se define la hora de la inauguración, pues también se presentará obra de una galería y probablemente el Ensamble Audire. Lo que sí es seguro es que será el Sábado 22 de abril. Más adelante daré la información completa, por lo pronto aparten el día.
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