Para mí, el siguiente cuento, homónimo del libro en que se incluye, es un guiño de Bradbury ante el espejo; un guiño dedicado a él mismo y a quienes hemos descubierto el movimiento de ciertas figuras que se deslizan sobre nuestra piel y, movidos por la comezón que nos causa la tinta indeleble con la que están delineadas, las trasladamos, cuidadosamente, a una otredad que se dice escritura y que por expandirse también en tinta, no les resulta tan ajena.
PRÓLOGO: EL HOMBRE ILUSTRADO, 1951
En una tarde calurosa de principios de setiembre me encontré por primera vez con el hombre ilustrado. Yo caminaba por una carretera asfaltada, recorriendo la última etapa de una excursión de quince días por el Estado de Wisconsin. Al atardecer me detuve, comí un poco de carne de cerdo, unas habas y un bizcocho. Me preparaba a descansar y leer cuando el hombre ilustrado apareció sobre la colina. Su figura se recortó brevemente contra el cielo.
Yo no sabía entonces que era ilustrado; sólo vi que era alto, que alguna vez había sido esbelto, y que ahora, por alguna razón, comenzaba a engordar. Recuerdo que tenía los brazos largos y las manos anchas, y un rostro infantil en lo alto de un cuerpo macizo.
Me habló antes de verme, como si hubiese adivinado mi presencia.
-Señor, ¿sabe usted dónde podría encontrar trabajo?
-Temo que no -le respondí.
-Cuarenta años y nunca he tenido un trabajo duradero -me dijo.
Aunque hacía mucho calor, el hombre ilustrado llevaba una camisa de lana, cerrada hasta el cuello. Los puños de las mangas le ocultaban las anchas muñecas. La transpiración le corría por la cara. Y sin embargo no se abría la camisa.
-Bien -me dijo al fin-, este lugar es tan bueno como cualquiera para pasar la noche. ¿No lo molesto?
-Si usted quiere, me sobra un poco de comida -le invité.
Se sentó pesadamente y lanzó un gruñido.
-Se arrepentirá de haberme invitado -me dijo-. Todos se arrepienten. Por eso no paro en ningún sitio.
Aquí estamos, a principios de setiembre, en lo mejor de la temporada de las ferias. Tendría que estar ganando montones de dinero en el parque de diversiones de cualquier pueblo, y aquí me tiene, sin ninguna perspectiva.
El hombre ilustrado se sacó un enorme zapato y lo examinó con atención.
-Comúnmente conservo mi empleo diez días. Luego algo ocurre, y me despiden. Hoy ningún hombre, de ninguna feria del país se atrevería a tocarme, ni con una pértiga de tres metros.
-¿Qué le pasa? -le pregunté.
El hombre me respondió desabotonándose lentamente el cuello apretado. Cerró los ojos, y con movimientos muy lentos se abrió la camisa. Luego, con la punta de los dedos, se tocó la piel.
-Es curioso -dijo con los ojos todavía cerrados-. No se las siente, pero están ahí. No dejo de pensar que algún día miraré y ya no estarán. Camino al sol durante horas, en los días más calurosos, cocinándome y esperando que el sudor las borre, que el sol las queme; pero llega la noche, y están todavía ahí.
El hombre ilustrado volvió hacia mí la cabeza, mostrándome el pecho.
-¿Están todavía ahí? -me preguntó.
Durante unos instantes no respiré.
-Si -dije-, están todavía ahí.
Las ilustraciones.
-Me cierro la camisa a causa de los niños -dijo el hombre abriendo los ojos-. Me siguen por el campo. Todo el mundo quiere ver las imágenes, y sin embargo nadie quiere verlas.
El hombre se sacó la camisa y la apretó entre las manos. Tenía el pecho cubierto de ilustraciones, desde el anillo azul, tatuado alrededor del cuello, hasta la línea de la cintura.
-Y así en todas partes -me dijo adivinándome el pensamiento-. Estoy totalmente tatuado. Mire.
Abrió la mano. En la mano se veía una rosa recién cortada, con unas gotas de agua cristalina entre los suaves pétalos rojizos. Extendí la mano para tocarla, pero era sólo una ilustración.
En cuanto al resto, no sé cómo pude quedarme quieto y mirar. El hombre ilustrado era una acumulación de cohetes, y fuentes, y personas, dibujados y coloreados con tanta minuciosidad que uno creía oír las voces y los murmullos apagados de las multitudes que habitaban su cuerpo. Cuando la carne se estremecía, las manitas rosadas gesticulaban, los labios menudos se movían, en los ojitos verdes y dorados se cerraban los párpados.
Había prados amarillos y ríos azules, y montañas y estrellas y soles y planetas,
extendidos por el pecho del hombre ilustrado como una vía láctea. Las gentes se dividían en veinte o más grupos, instalados en los brazos, los hombros, las espaldas, los costados, las muñecas y la parte alta del vientre. Se los veía en bosques de vello, escondidos en una constelación de pecas, o hundidos en las cavernas de las axilas, con ojos resplandecientes como diamantes. Cada grupo parecía dedicado a su propia actividad; cada grupo era toda una galería de retratos.
-¡Oh! ¡Son hermosas! -exclamé.
¿Cómo podría describir las ilustraciones? Si en lo mejor de su carrera el Greco hubiese pintado miniaturas, no mayores que tu mano, infinitamente detalladas, con sus colores sulfurosos y sus deformaciones, quizá hubiera utilizado para su arte el cuerpo de este hombre. Los colores ardían en tres dimensiones. Eran como ventanas abiertas a mundos luminosos. Aquí, reunidas en un muro, estaban las más hermosas escenas del universo.
El hombre ilustrado era un museo ambulante. No era ésta la obra de esos ordinarios tatuadores de feria que trabajan con tres colores y un aliento que huele a alcohol. Era el trabajo de un genio; una obra vibrante, clara y hermosa.
-Ah, sí -dijo el hombre ilustrado-, mis ilustraciones. Me siento tan orgulloso de ellas que me gustaría destruirlas. He probado con papel de lija, con ácidos, con un cuchillo...
El sol se ponía. La luna se levantaba ya por el este.
-Pues estas ilustraciones -afirmó el hombre-, predicen el futuro.
No dije nada.
-Todo está bien a la luz del sol -continuó-. Puedo emplearme entonces en una feria. Pero de noche... Las pinturas se mueven. Las imágenes cambian.
Creo que sonreí.
-¿Desde cuándo está usted ilustrado?
-Desde el año 1900. Yo tenía entonces veinte años y trabajaba en un parque de diversiones. Me rompí una pierna. No podía moverme. Tenía que hacer algo para no perder el empleo, y entonces decidí tatuarme.
-Pero ¿quién lo tatuó? ¿Qué pasó con el artista?
-La mujer volvió al futuro -dijo el hombre-. Así es. Vivía en una casita en el interior de Wisconsin, no muy lejos de aquí. Una vieja bruja que en un momento parecía tener cien años y poco después no más de veinte. Me dijo que ella podía viajar por el tiempo. Yo me reí. Pero ahora sé que decía la verdad.
-¿Cómo la conoció?
El hombre ilustrado me lo dijo. Había visto el letrero al lado del camino.
¡ILUSTRACIONES EN LA PIEL! ¡Ilustraciones, y no tatuajes! ¡Ilustraciones artísticas! Y allí había estado, toda la noche, mientras las mágicas agujas lo mordían y picaban como avispas y abejas delicadas. A la mañana parecía un hombre que hubiese caído bajo una prensa multicolor: tenía el cuerpo brillante y cubierto de figuras.
-He buscado a esa bruja todos los veranos, durante casi medio siglo -dijo el hombre extendiendo los brazos-. Cuando la encuentre, la mataré.
El sol se había ido. Brillaban ya las primeras estrellas y la luna iluminaba los pastos y las espigas. Las imágenes del hombre ilustrado resplandecían en la sombra como carbones encendidos, como esmeraldas y rubíes con los colores de Rouault y de Picasso, y los cuerpos enjutos y alargados del Greco.
-Cuando las imágenes empiezan a moverse, me despiden. Ocurren cosas terribles en mis ilustraciones. Cada una es un cuento. Si usted las mira atentamente unos pocos minutos, le contarán una historia. Si las mira tres horas, las narraciones serán treinta o cuarenta, y usted oirá voces, y pensamientos. Todo está aquí, en mi piel; no hay más que mirar. Pero sobre todo, hay cierto lugar de mi espalda... -El hombre ilustrado se volvió-.
¿Ve? Sobre mi omóplato derecho no hay ningún dibujo. Sólo una mancha de color.
-Sí.
-Cuando he estado con alguien un rato, ese omóplato se cubre de sombras, y se convierte en un dibujo. Si estoy con una mujer, al cabo de una hora su rostro aparece ahí, en mi espalda, y ella ve toda su vida... cómo vivirá y cómo morirá, qué parecerá cuando tenga sesenta años. Y si me encuentro con un hombre, una hora después su retrato aparece también en mi espalda. Y el hombre se ve a sí mismo cayendo en un precipicio, o aplastado por un tren... Entonces me despiden.
El hombre hablaba y al mismo tiempo movía las manos sobre las ilustraciones, como para ajustar los marcos y sacarles el polvo, con los ademanes de un conocedor, de un aficionado al arte. Al fin se tendió de espaldas, a la luz de la luna. Era una noche calurosa, serena y sofocante. Nos habíamos sacado la camisa.
-¿Y nunca encontró a la vieja?
-Nunca.
-¿Y cree usted que venía del futuro?
-¿Cómo, si no, podría conocer estas historias que me pintó sobre la piel?
El hombre, fatigado, cerró los ojos.
-A veces, de noche -dijo débilmente-, siento las figuras como hormigas sobre la piel.
Sé lo que pasa entonces y lo que tiene que pasar. Yo nunca las miro. Trato de olvidarme.
No debemos mirarlas. No las mire usted tampoco, se lo advierto. Vuélvame la espalda cuando se vaya a dormir.
Yo estaba acostado no muy lejos. El hombre no tenía, aparentemente, un carácter violento, y las ilustraciones eran tan hermosas... Yo me hubiese ido lejos de toda esa charla. Pero las ilustraciones... Dejé que los ojos se me llenaran de imágenes. Con esos cuadros sobre el cuerpo, cualquiera podía perder la cabeza.
La noche era serena. Yo podía oír la respiración del hombre ilustrado, bañado por la luna. Los grillos cantaban dulcemente en las hondonadas lejanas. Me puse de costado para ver mejor las ilustraciones. Pasó, quizá, una media hora. Yo no sabía si el hombre ilustrado se había dormido, pero de pronto lo oí respirar:
-Se mueven, ¿no es cierto?
Esperé un minuto. Y luego dije:
-Sí.
Las imágenes se movían, Una por vez, uno o dos minutos. Allí, a la luz de la luna, con el menudo tintineo de los pensamientos y las voces distantes como voces del mar, se desarrollaron los dramas. No sé si esos dramas duraron una hora o dos. Sólo sé que me quedé allí, inmóvil, fascinado, mientras las estrellas giraban en el cielo.
Dieciocho ilustraciones, dieciocho cuentos. Los conté uno a uno.
Primero, mis ojos se posaron en una escena, una casa grande con dos personas. Vi unos buitres que volaban en un cielo rosado y ardiente. Vi leones amarillos, y oí voces.
La primera ilustración tembló y se animó.
miércoles, junio 06, 2012
martes, mayo 29, 2012
Cabaret virtual: free jazz y experimentación sonora en el proceso de la escritura
Y que nos vamos a Taxco, al XII Encuentro Nacional de Escritores de Tierra Adentro. Me invitaron para leer un par de cuentos del Joni Munn y otras alteraciones del psicosoma y para participar en una mesa de discusión con nombre enlazado a lámparas de neón: Cabaret virtual:Escenas multimedia y nuevas tecnologías. ¿Que qué hago yo ahí? Pues me preguntaron si me gustaría hablar de la relación interdisciplinaria que puede haber entre la literatura y otras artes, y de inmediato me vino a la mente una huella de tinta iluminada que decía: "es momento de enlazar el cuerpo del free jazz y la experimentación sonora con tu proceso creativo; con la forma en que el golpe, el corte imprevisto, el contraste, el impulso salvaje, la mezcla de naturalezas instrumentales e incluso la deformación de sus estructuras, se queda en tu inconsciente y brota, de una manera extrañamente asimilada, en tu escritura". Y entonces acepté.
Queda aquí constancia:
Comunicado No. 1174
***Se realizará del 30 de mayo al 1 de junio en Taxco, Guerrero
***Participaran 28 autores procedentes de Baja California, Distrito Federal, Estado de México, Guerrero, Oaxaca, Querétaro y Tamaulipas
Con el objetivo de ser un espacio de conversación entre creadores de distintos géneros, fomentar la reflexión, el intercambio de ideas y generar nuevos proyectos literarios, del 30 de mayo al 1 de junio se realizará el XII Encuentro Nacional de Escritores de Tierra Adentro en Taxco, Guerrero.
Así lo dio a conocer en entrevista la directora editorial del Programa Cultural Tierra Adentro, Mónica Nepote, quien añadió que el eje central del encuentro será la dramaturgia.
“A través del encuentro, buscamos poner en contacto a una generación de autores menores de 35 años que quizá en 10 años estén con toda su potencia escribiendo los libros de la literatura mexicana, los cuales posiblemente están interesados en otros caminos o procesos de creación que implican muchas veces el saltar o hacer uso de otras disciplinas o formatos para hacer una exploración propia.
“Sin embargo, en esta ocasión daremos un peso importante a la dramaturgia ya que buscamos que los dramaturgos conozcan lo que se trabaja desde otras disciplinas, por ejemplo, en la poesía en donde algunos autores recurren al spoken poetry, al cuerpo o a asuntos visuales para crear”.
Las actividades del encuentro incluyen una conferencia magistral que ofrecerá el narrador, dramaturgo, pintor y dibujante Hugo Hiriart, quien hablará de “cómo se dio su contacto con la interdisciplina ya que él ha saltado en los diversos géneros, explorando con su imaginación, además de que es un proceso que se le ha dado de forma natural y con mucha erudición”, revela la directora.
También se realizarán cuatro mesas de reflexión y análisis: “Neo Narración/Neo Drama/Neo Poesía #", "Maquetas escénicas: el teatro, lo social y lo real", "Sesión laboratorio: cine, TV y otras ficciones" y "Cabaret virtual: escenas multimedia y nuevas tecnologías”.
“Son mesas en donde cada participante tiene 10 minutos. Aquí son los autores los que hablan de cómo son sus dinámicas de trabajo y habrá quien haga lecturas con proyección o presente trabajos que se están armando o que ya armaron.
“Lo ideal es que sean mesas de discusión para hacer que los autores se conozcan, que sepan y compartan información, dialoguen y reflexionen de tal forma que no sólo sea un encuentro para leer la creación propia o un encuentro de discusión, sino un híbrido de ambos", comenta Nepote.
En este encuentro participarán 28 autores: 13 dramaturgos, ocho poetas, cinco narradores y dos cuentistas, quienes presentarán sus trabajos en diversas instituciones ubicadas en Taxco, Guerrero, como el Centro Cultural Casa Borda, la Escuela Nacional de Artes Plásticas-UNAM y el Parque Vicente Guerrero.
Entre los dramaturgos se encuentran Carlos Portillo, Itzel Lara, Gibrán Portela, Noé Morales, Lucía Leonor Enríquez, Zulaí Macías, Iván H. Arizmendi, Paco Reyes, Diego Álvarez, Ángel Hernández, Felipe Rodríguez, Richard Viqueira y Luis Santillán.
Los poetas que estarán son Yohanna Jaramillo, Antonio Salinas, Carlos Ortiz, Luis Alberto Arellano, Paula Abramo, Geovani de la Rosa, Daniel Malpica y Efraín Velasco. Los narradores serán Iris García Cuevas, Iliana Vargas, José Noé Mercado, Astrid Paola Chavelas y Paul Medrano, y los cuentistas, Javier Reyes y Salvador Calva Carrasco.
“Son autores que está promoviendo la Revista Tierra Adentro, que acaban de publicar en ella o que están por publicarse sus libros, aunque también contemplamos autores que no han sido publicados pero que trabajan con la interdisciplina.
“Por ejemplo está Efraín Velasco un poeta que publicó años atrás en Tierra Adentro pero que ha trabajado mucho con las obras visuales y su relación con la poesía, lo que le permitió crear unos video poemas.
“Está también Luis Alberto Arellano, un autor publicado recientemente que tiene un libro de poesía y ensayos que toca las zonas límites de la interdisciplina y las dinámicas de la escritura. También se encuentra Zulaí Macías, quien trabaja con una mezcla especial de dramaturgia y danza”.
Para conocer los horarios de las actividades del encuentro y seguirlo se puede visitar el perfil Tierra Adentro en Facebook o consultar el sitio www.conaculta.gob.mx/tierra
jueves, mayo 17, 2012
Saturniana
Antes de saltar por la ventana, el sueño despega una a una las pestañas de esa mujer, para que entre a sus ojos, neblinoso y de un azul opaco, el último día de su vida.
Ya en la noche vislumbraba que el último punto del último párrafo se estaba configurando. Ya en la noche había sido atropellada por una consola de erratas estridentes. Ya en la noche le había quedado bien claro: alguien, el que había dejado aquel mensaje escrito con gis negro sobre la tabla clara del comedor, había planeado para ella otra vida en otra tierra:
Nunca serás princesa y mucho menos reina de ninguna historia.
Ningún canto inspirará nunca tu incoherencia,
tu desatino de observador cejudo, tu tropiezo constante
entre roca y agua, atroz y convulsa palabra salina.
No serás
siquiera
un esbozo de imagen acrayolada sobre la pared,
línea
incrustada en el árbol adolorido,
marca de pintura en un auto accidentado.
Dolor de nada, de nadie.
Sonrisa de nada, de nadie.
Sombra de la voz de fuego,
de la tempestad
cruentísima y sonora.
Tus palabras son tu única escucha y respuesta:
no hay más que silicio en la lengua de quien dice conquistar tus entrañas.
de la tempestad
cruentísima
y sonora
de la tempestad
cruentísima y sonora
de la tempestad cruentísima y sonora
de la tempestad
cruentísima
y
sonora
Fin del delay:
los restos secretan huellas de materia efervescente en la plasta dúctil y platinada
que ahora forma su cuerpo desmembrado sobre el árbol que la recibiera.
Ambos, árbol y restos,
son absorbidos por una ventosa de luz que craquela el pavimento.
Ya en la noche vislumbraba que el último punto del último párrafo se estaba configurando. Ya en la noche había sido atropellada por una consola de erratas estridentes. Ya en la noche le había quedado bien claro: alguien, el que había dejado aquel mensaje escrito con gis negro sobre la tabla clara del comedor, había planeado para ella otra vida en otra tierra:
Nunca serás princesa y mucho menos reina de ninguna historia.
Ningún canto inspirará nunca tu incoherencia,
tu desatino de observador cejudo, tu tropiezo constante
entre roca y agua, atroz y convulsa palabra salina.
No serás
siquiera
un esbozo de imagen acrayolada sobre la pared,
línea
incrustada en el árbol adolorido,
marca de pintura en un auto accidentado.
Dolor de nada, de nadie.
Sonrisa de nada, de nadie.
Sombra de la voz de fuego,
de la tempestad
cruentísima y sonora.
Tus palabras son tu única escucha y respuesta:
no hay más que silicio en la lengua de quien dice conquistar tus entrañas.
de la tempestad
cruentísima
y sonora
de la tempestad
cruentísima y sonora
de la tempestad cruentísima y sonora
de la tempestad
cruentísima
y
sonora
Fin del delay:
los restos secretan huellas de materia efervescente en la plasta dúctil y platinada
que ahora forma su cuerpo desmembrado sobre el árbol que la recibiera.
Ambos, árbol y restos,
son absorbidos por una ventosa de luz que craquela el pavimento.
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