viernes, junio 18, 2010

Luz sin fin


Ella quería ser un dromedario de patas blancas con pezuñas sepia y caminar sobre dunas de ceniza volcánica, siempre con la sensación de que el próximo paso que diera la arrastraría hacia un túnel de naipes enormes, suspendidos a milímetros del fango dentro de paredes de hielo, donde encontraría las señales para cruzar el umbral que la separaba, tan frívolo, de su destino.
Ella, mirada metal alcalinosa de piedra negra y húmeda, leía la sabiduría de los Arcanos de Saturno en los intersticios que dejaba tras de sí aquel papalote errante de campo de nubes grises: “Llegará la hormiga reina y encenderá la tierra destinada a delinear el laberinto por donde la marabunta será tinta roja y transcribirá los sueños que las raíces beben de los árboles”.
Ella, aturdida por la muerte del colibrí sacrificado en honor a las cuevas de jade y amaranto, exhala lo que cree su última bocanada de aire y se pregunta cuánto más seguirá padeciendo el no dolor de los restos ya pútridos que percibe bajo su fresca guarida de azahares. No dolor angustia en su garganta que tampoco siente ya reseca.
Ella, Melusina decapitada a causa de la incertidumbre que provocó en sus vecinos la dualidad de su rostro de Jano, acude ya a su lado izquierdo, ya a su lado derecho, en espera de que esa luz negra que va lamiendo los bordes del mundo termine por besar su mirada dedicada al pasado y al futuro; al portal de las divinidades angélicas e infernales; al inicio y al fin del único tiempo que ritmaba con su canto: el suyo.
Ella, cartílago de 30 años, fue arrojada a una cueva de marfil desde su nacimiento porque sus padres no comprendieron que su rostro doble era una re-afirmación natural de la simbiosis en que crecen todas las cosas orgánicas e inmateriales.
Ella, curiosidad indomable expuesta a la incomprensión supersticiosa de los habitantes de otras cuevas de marfil, fue temida y decapitada durante la noche magenta arrullada por gorgoteos de avestruces.
Ella, representación matérica del equilibrio dual, presiente la llegada del Negro Espacio que endurece y enfría su rostro cáscara, pétrea obsidiana.