viernes, julio 11, 2008

Bienvenida a Macedonio Fernández, recienvenido


No voy a redactar aquí una nota sobre la vida y obra de Macedonio Fernández; no voy a hacer creer a nadie que mi erudición es tal que puedo entender e interpretar los escritos de este escritor, para mí, uno de los mejores representantes de la Patafísica. No voy a intentar siquiera, convencer a nadie de que vale la pena cansarse los ojos leyendo y releyendo sus párrafos enormes, inconexos y dispersos, desesperantes si se quiere. Diré nada más que para mi fortuna me encontré con Macedonio cuando empezaba a exasperarme de mí misma, cuando no podía creer que mi pensamiento se enredara tanto en sí mismo, cuando me arrepentía una y otra vez de mis impulsos y esa imperturbable facilidad para desquiciar a quienes me rodean. Digamos, pues, que leerlo fue como quitarme un peso de encima al notar que no es necesario preocuparse tanto por el esfuerzo inútil para lograr una relación estructural coherente entre pensamiento-habla-palabra, que incite a los demás a oírlo a uno, a entenderlo, sobre todo. Y sí, yo me doy cuenta de la incoherencia entre mis actos y mis pensamientos, y las terribles consecuencias que ello provoca entre las personas que quiero conmigo, pero que entre más quiero conmigo más se alejan. Por eso, cuando leo a Macedonio y sobre Macedonio y noto que todos lo recuerdan habitando una casa solitaria, o paseando solitario por las calles, asimilo lo siguiente: la incoherencia no es más que un arma del subconsciente humano para defenderse de las convenciones sociales, y no hay mayor convención social que la negación a estar solo. Y es peor no estar solo cuando uno tiene que estar solo. Por eso, quien tiene un genio absurdo, incoherente e impulsivo, y no se guarda de ocultarlo, o por lo menos fingir un poco, termina automarginándose ante la insalvable situación de ser un piojito que causa una terrible comezón que se oculta en la risa de los otros, la risa que es la única respuesta a las “ocurrencias” de uno…
Entonces, después de nadar un rato en la escritura de este hombre que tiene esa expresión de estarse mirando por dentro, salgo escurriendo algunas certezas y sonrisas: la vida no tiene que ser como ninguna otra, más que como la mía, sin importar que ahí, en ese torbellino tipo sturm und drang, tarde horas y horas en dar vueltas sobre mi propio eje para encontrarme de nuevo sobre tierra.
Y bueno, ahora pongo aquí parte de su ficha biobibliográfica que encontré en wikipedia, para mi sorpresa, muy bien redactada. También dejo un texto de Macedonio que forma parte de Recienvenido y Continuación de la Nada (tomo 4 de sus obras completas), que encontré en esta página: http://www.elortiba.org/macedonio.html, y que puede visitar quien quiera saber muchas más cosas de él y sobre él.

De wikipedia:
"En 1920 muere su esposa. Los hijos quedan al cuidado de abuelos y tías. Abandona la profesión de abogado. Al volver Jorge Luis Borges de Europa en 1921, redescubre a Macedonio, con quien comienza una prolongada amistad. Borges, hacia 1960, dicta-ya ciego- un breve y sustancioso prólogo para una antología de Macedonio. Allí se nos dice que ninguna persona lo impresionó tanto como él. Hombre que no se cansaba de ocultar, antes que mostrar, su inteligencia proverbial. Macedonio prefería el tono de consulta modesta antes que el dictamen pontificador. Su tono habitual era el del ánimo perplejo. Lo caracterizaba la veneración de Cervantes, una cierta divinidad, para él. Detestaba todo aparato erudito, que entendía como una manera de eludir el pensamiento personal. De esta manera su actividad mental era incesante. Vivía desinteresado de las críticas ajenas, de confirmaciones o refutaciones exteriores. Con desparpajo y no cuestionada generosidad, atribuía su propia inteligencia a todos los hombres. Poseía la veneración supersticiosa de todo lo argentino. Y ejecutaba, en grado eminente, el arte de la soledad, y de la inacción. Sin hacer absolutamente nada, era capaz de permanecer solo, por horas. Pensar -no escribir- era su devota tarea. Aunque también solía, en la soledad de su pieza, o en la turbulencia de un café, abarrotar cuartillas en caligrafía minuciosa. Empero, no le asignaba valor a su palabra escrita. Dos temores lo atravesaban: el del dolor y el de la muerte. Borges conjetura que para eludir este último postuló la metafísica inexistencia del yo. En lo que concierne a la literatura, le importaba menos que el pensamiento y la publicación le era más indiferente que la literatura. Así, su vocación fundamental era la contemplativa y la persecución del desciframiento del misterio filosófico del universo".

Obra publicada:

No toda es vigilia la de los ojos abiertos. Buenos Aires, Manuel Gleizer, 1928.
Papeles de Recienvenido. Buenos Aires, Cuadernos del Plata, 1929.
Una novela que comienza. Prólogo de Luis Alberto Sánchez. Santiago de Chile, Ercilla, c. 1940, port. 1941.
Poemas. Prólogo de Natalicio González. México, Guarania, 1953.
Museo de la Novela de la Eterna. Advertencia de Adolfo de Obieta. Buenos Aires, CEAL, 1967.
Museo de la novela eterna / Macedonio Fernández; edición de Fernando Rodríguez Lafuente. Cátedra, 1995.
No toda es vigilia la de los ojos abiertos y otros escritos. Advertencia de Adolfo de Obieta. Buenos Aires, CEAL, 1967.
Cuadernos de todo y nada. Buenos Aires, Corregidor, 1972. 2a. ed. 1990.
Teorías. Ordenación y notas de Adolfo de Obieta. Buenos Aires, Corregidor, 1974 (Obras completas, vol. III).
Adriana Buenos Aires; última novela mala. Ordenación y notas de Adolfo de Obieta. Buenos Aires, Corregidor, 1975. (Obras completas, vol V).
Museo de la Novela de la Eterna; primera novela buena. Ordenación y notas de Adolfo de Obieta. Buenos Aires, Corregidor, 1975. (Obras completas, vol VI).
Epistolario. Ordenación y notas de Alicia Borinsky. Buenos Aires, Corregidor, 1976. (Obras completas, vol. II).


Confesiones de un recién llegado al mundo literario (Esforzados estudios y brillantes primeras equivocaciones)


Tengo que asentar las siguientes observaciones y otras no menos siguientes que me comprometo a que se me ocurran.Con motivo de la carestía de los cigarrillos, éstos se han puesto más baratos, y para que parezcan menos cortos, los hacen más largos. Para una persona que por primera vez es un recién llegado, esto le confunde de tal manera que le entra el sentimiento de que lo están viendo por la calle desnudo saliendo de una sastrería.No es menos cierto que existen insomnios que afectan al mismo tiempo la facultad de dormir y la de estar despierto; y, lo digo con toda la seriedad del hombre durmiendo, para elegir entre dos coqueterías, óptese por la peculiaridad de ser un gran dormilón, porque es factible aparentar dormir aunque fatigoso, y no es fácil aparentar estar despierto. Aquí se sabe (por los diarios, como todo) que una persona que ha sidodespertada durante un simple cuartode hora, por la caída del techo sobre su cama, o por el paso sigiloso de un gato por la pared que debería tener el terreno de enfrente, y continúa durmiendo de seguida hasta que la desayune alguna sirvienta, no dejará de proclamar por todo el día siguiente, el infalible día que cuelga de cada noche por su extremo Este; "No he pegado los ojos esta noche". Obsérvese lo que es la obra de insomnio: quita el sueño en torno nuestro y a veces al mismo paciente.Cuando un día anterior es precedido de un siguiente, contando desde adelante, ocurre una separación entre los dos practicada mediante una noche, intervalo de faroles, tropezones y comisarías, que muchas personas ocupan en preparar una conversación sobre insomnio, para las personas de su familia; hay quienes hasta durmiendo piensan en los suyos.Recién llegado por definición es: aquella diferente persona notada en seguida por todos, que llegado recién a un país de la clase de los diferentes, tiene el aire digno de un hombre que no sabe si se ha puesto los pantalones al revés, o el sombrero derecho en la cabeza izquierda, y no se decide a cerciorarse del desperfecto en público, sino que se concentra en una meditación sobre eclipses, ceguera de los transeúntes, huelga de los repartidores de luz, invisibilidad de los átomos y del dinero de papá, y así logra no ser visto.("Proa", 1922)

lunes, julio 07, 2008

Le scaphandre et le papillon



Be pleased then, you, the living, in your delightfully warmed bed, before Lethe's ice-cold wave will lick your escaping foot.
J.W. Goethe

(epígrafe con que inicia Du levande, de Roy Anderson)

Dirigida por Julian Schnabel y basada en la novela (a su vez basada en la propia experiencia) de Jean-Dominique Bauby, esta película presenta una propuesta estética muy peculiar, particularmente en la primera parte, y después, en lo alusivo al protagonista de la cinta.
Puede hablarse de la trama sin temor a develar un final inesperado, pues lo que importa en esta película no es la historia ni la estructura narrativa, sino la capacidad del director para lograr que la percepción del personaje principal sea la misma del espectador. Entonces, resulta que Jean-Dominique Bauby, acaudalado editor de una revista tan popular como puede serlo Elle en París, de pronto, sin antecedentes médicos, sufre un ataque cerebral que lo deja en coma, casi totalmente paralizado y sin posibilidades de sobrevivir, siquiera como vegetal.
Sin embargo, esto lo descubrimos a los diez minutos de haber iniciado la cinta, por lo que la primera toma resulta algo desconcertante (incluso hubo quien gritó algunos reclamos al cácaro exigiendo que ajustara la imagen). Y lo que ocurre es que desde el inicio somos cómplices de Jean-Do: vemos el cuarto, la luz, los colores, las flores en el jarrón y a los médicos entre parpadeos acuosos, con la mirada borrosa después de estar dos semanas en coma, con el pensamiento tratando de encontrar una respuesta lógica a lo que ocurre. Por eso la imagen distorsionada, que va y viene, que trata de mantenerse firme, aunque se distrae con los gestos del médico y los enfermeros, con la luz y los colores de las cortinas y la pared.
A partir de ahí, se va desarrollando la historia de este ex-editor, dividida en tres partes: antes del accidente (recuerdos a los que acude de manera intermitente, y gracias a los que nos enteramos de cómo era su vida en el ámbito de la revista; que tiene tres hijos, una relación con la madre de éstos y una amante; y que su padre, de 92 años, paradójicamente ahora está casi en las mismas condiciones que él, un hombre de 42); en el hospital (donde recibe terapias para aprender a comunicarse con la única parte de su cuerpo que tiene movilidad ) y la vida dentro de sí mismo (sus reflexiones, sus deseos y su imaginación). Es este mundo, entre el sueño y el recuerdo, entre el deseo y lo real, el que resulta más atractivo y mejor logrado por Schnabel, quien, ahora lo sé, y quizá por eso entiendo el cuidado en las texturas, los matices, los contrastes y la composición, es también artista plástico.
Sin embargo, y quizá inevitablemente, el director acude a una fórmula que no me gusta nada: conmueve al espectador haciendo fuertes comparaciones entre la vida que Jean-Do ha perdido y la vida con la que tiene que conformarse ahora; con los esfuerzos que debe hacer para sobrevivir.
Entre estos esfuerzos, el más destacable es su decisión de “dictar” un libro gracias al método con el que ha aprendido a comunicarse. Este libro es una bitácora donde se mezclan recuerdos de los días cercanos al accidente, imágenes que llegan al despertar o antes de dormir, y sobre todo es un compendio de las reflexiones que acuden a él la mayor parte del tiempo, cuando la soledad se hace más fuerte, más evidente como destino único.
De ahí la metáfora que da título al libro y a la película: la escafandra, el cuerpo inmóvil en el que vive atrapado mientras su cerebro funciona perfectamente, y la mariposa, la vida que sigue percibiendo y expresando a través del texto; la fuerza del aleteo que está en la memoria y en el recuerdo; memoria y recuerdo que salvan de la inmovilidad en el limbo hasta en las peores circunstancias.

Al final, entre la inevitable tristeza y la envidia por la hazaña que representa el libro publicado, acude de pronto a mi memoria el título de otra película, Du levande, (Tú que estás vivo), de Roy Anderson, y en la mente, una vocecita que susurra: Allez-y, du levande, a vivir...