lunes, octubre 04, 2010

Antena


Un caballo de mar asomó su trompa azulada por la ventana. Ella le preguntó si el aire helado le sabía a plancton y espuma. Él remojó sus antenas en el café que ella bebía y dibujó sobre la mesa una nube de medusas. Electricidad en los ojos, dijo ella. Acertijos transparentes en tu lengua, dijo él. Ella voló tras la nube. Él hizo sangrar su trompa y tatuó en la ventana un talismán de sueño verde. El sueño. Rojo trashumante persigue sobre el asfalto candente, la sombra de la nube medusa. Ella encontró en la electricidad el iris del camello que se pavoneaba sobre un glaciar perdido en océanos tropicales. Él se incrustó en su lengua y desmadejó cada acertijo para ocupar el hilo de metales preciosos en la reconstrucción de su trompa espiral.

martes, septiembre 28, 2010

Encanto




La mirada se desintegra en cristal pulverizado.
Una secta de hormigas roji-negras del tamaño de un meñique devora astillas:

Restos de cadáver- cristal.

Dejar caer todo.

abrir la mano
soltar el tesoro:
dejar que se pierda
en remolinos
de corrientes
que no tienen en dónde parar.

Desprenderse de la célula y formar microorganismos:
diásporas que danzan
con la melodía de un acordeón-resorte
de infinitas ramas de sauces
y pirules habitados por brujas
perfumadas con esencia de ajenjo.

Sentir la mirada que retoma
el lodo,
el musgo,
el agua enlamada,
el lirio infestado de ajolotes.

La mirada
se
desdobla
en
lo que retoma
y lo respira.

Entonces no es más mirada: es la piel y la voz.
Es la arteria que comunica
al helecho acuático con las enredaderas
para
unir
las puntas del sauce y del pirul;

del laurel donde se posan los demonios en espera de que las brujas
se desnuden y se ericen al contacto con el vapor que emana del agua-azufre;
que estiren sus cuerpos sobre la espuma pantanosa para que el lodo y el musgo regeneren su piel de miles de años en constante putrefacción.

viernes, julio 16, 2010

C'est la vie ce qui donne la vie


Caminan las luciérnagas suspendidas en telarañas de algodón y caramelo. No lo saben, pero en cinco segundos, esta textura tan suave y amigable se transformará en densidad de planta carnívora que saliva el bocado seguro. Música de luz es el cuerpo de las luciérnagas. Música que defiende la sangre y el cuerpo con los gritos del sol y las galaxias de donde vinieron. Si se apagan, sus cuerpos absorben también la luz de los muertos huérfanos de tierra y mar; si se encienden, es porque han descansado en el lomo de los perros alimentados por las cicatrices que la luna ha dejado en los párpados de hienas que arden hasta la ebullición bajo su rayo de esperma helado y mercurio. Son luciérnagas de fuego, luciérnagas de incendios que renacen con las vibraciones perpetuas del canto del fénix, luciérnagas que vuelan cuando el alba pierde su blancura y el sol les disputa la luz con que alimentan a los hombres para sacarlos de su ensueño. Por eso danzan delicadamente sobre las cuerdas de la telaraña: cuando el caramelo sea ácido asfixiante, ellas serán esponjas de abismos donde el vacío da vida a la vida.

viernes, julio 09, 2010

Sonaja


Yo no entiendo qué pasa,
que cuando me río
salen de mi boca
catarinas de color magenta
con la panza llena de cascabeles y canicas
y las miro y pienso:
una sonaja que vuela...

Entonces río más fuerte
y no entiendo qué pasa,
que de pronto la risa es una avispa que se ahoga
y la enorme sonaja se cristaliza
y crece y se infla como vidrio al fuego
hasta explotar cascabeles y astillas
que iluminan el aire.

Monotipia: Miriam Puente

Zurcido luminar


Lo oí: el ruido blanco entre destello y destello del sonido saturado desenvolviéndose en los arcos de aquel patio de piedra me lo dijo. ¿Qué pasa con los sonidos que se vuelven imagen, que se vuelven palabra, que se vuelven color, que se vuelven universos evocados?
La música guarda entre los espacios que nacen del silencio y del tiempo entre cada golpe, un hilo narrativo que enlaza los sonidos como líneas en un diagrama punteado para crear una historia.
La música absorbe y nutre, se alimenta y alimenta, roba y llena el espacio aparentemente vacío.
La música parte de la más imperceptible hasta la más evidente sensación humana para transformarse en energía que exuda el cuerpo y traducirse en ruidos, tonos, silencios, gritos, murmullos, vibraciones viscerales que rebasan por mucho a lo anotado en una partitura.
La vida tendría que ser como la música que obedece a los impulsos espontáneos y efímeros: un sonido que explota y que recibe, a cambio, explosiones infinitas.
Aquí Boredoms: rayo que agujerea el cuerpo para zurcir en él marcas de luz:

viernes, junio 25, 2010

Voz de hormiga


Tras la línea amarilla la vida segura. Adelante la muerte, más segura que la vida. Tras la línea amarilla el sueño reflejado en un escalpelo con doble filo. Adelante la voz transfigurada en goteo de alquitrán almibarado sobre metal campana. Tras la línea amarilla alquitrán almibarado arrastra un cadáver de hormiga alada envuelta en cedazo ultravioleta sobre metal campana. Adelante voz transfigura ácido sustancial destilado de cedazo ultravioleta impregnado de sangre alquitranada. Tras la línea amarilla metal campana enciende sonido transfigurado de escalpelo con doble filo. Adelante cadáver tras la línea segura amarilla la vida.

viernes, junio 18, 2010

Luz sin fin


Ella quería ser un dromedario de patas blancas con pezuñas sepia y caminar sobre dunas de ceniza volcánica, siempre con la sensación de que el próximo paso que diera la arrastraría hacia un túnel de naipes enormes, suspendidos a milímetros del fango dentro de paredes de hielo, donde encontraría las señales para cruzar el umbral que la separaba, tan frívolo, de su destino.
Ella, mirada metal alcalinosa de piedra negra y húmeda, leía la sabiduría de los Arcanos de Saturno en los intersticios que dejaba tras de sí aquel papalote errante de campo de nubes grises: “Llegará la hormiga reina y encenderá la tierra destinada a delinear el laberinto por donde la marabunta será tinta roja y transcribirá los sueños que las raíces beben de los árboles”.
Ella, aturdida por la muerte del colibrí sacrificado en honor a las cuevas de jade y amaranto, exhala lo que cree su última bocanada de aire y se pregunta cuánto más seguirá padeciendo el no dolor de los restos ya pútridos que percibe bajo su fresca guarida de azahares. No dolor angustia en su garganta que tampoco siente ya reseca.
Ella, Melusina decapitada a causa de la incertidumbre que provocó en sus vecinos la dualidad de su rostro de Jano, acude ya a su lado izquierdo, ya a su lado derecho, en espera de que esa luz negra que va lamiendo los bordes del mundo termine por besar su mirada dedicada al pasado y al futuro; al portal de las divinidades angélicas e infernales; al inicio y al fin del único tiempo que ritmaba con su canto: el suyo.
Ella, cartílago de 30 años, fue arrojada a una cueva de marfil desde su nacimiento porque sus padres no comprendieron que su rostro doble era una re-afirmación natural de la simbiosis en que crecen todas las cosas orgánicas e inmateriales.
Ella, curiosidad indomable expuesta a la incomprensión supersticiosa de los habitantes de otras cuevas de marfil, fue temida y decapitada durante la noche magenta arrullada por gorgoteos de avestruces.
Ella, representación matérica del equilibrio dual, presiente la llegada del Negro Espacio que endurece y enfría su rostro cáscara, pétrea obsidiana.

viernes, junio 04, 2010

Cántico nocte



Amuleto de viaje para Antón

Cantemos para no perder la suerte del náufrago que encuentra una barca sin agujeros, una isla con puentes a otras islas, un sendero submarino hacia el horizonte.

Soñemos para escuchar los decretos que no revela el camino, pero que nos llevan hacia él.

Bailemos a lado de las medusas para aprender a distinguir el peligro en la radiación luminiscente que nos entrega la vida cuando sabemos que es certero el paso y cuando dudamos de él.

Miremos las líneas en nuestras manos: hay un dibujo que nos une.

Lo que es está también en tu sueño, corazón. Yo soy parte.

jueves, junio 03, 2010

Iluminata fortuna


No se sabe nunca la verdad que separa al destino del instante. Es la música terrible del canto sobrehumano y el cuerpo al destazarse sobre un arrecife de minerales cristalizados. Es la luz que se reconoce a sí misma en la oscuridad y que soborna a la madrugada para hacerla retroceder hacia la noche. Es la sintonía irreversible entre cintas magnéticas y vibraciones de seres electroacústicos que brotan de las paredes crecidas al borde de las avenidas. Es la calle atravesada por marabuntas de cucarachas mutiladas por nuestra hija; quien ahora en vez de devorarlas sólo les arranca algunas cáscaras del lomo, algunas patas y un pedazo del vientre y las deja ir así, en busca de un refugio en el que, inservibles ya, serán alimento de sus compañeras. No hay duda: el destino es el instante.

Dibujo: Rodrigo Ambriz

martes, junio 01, 2010

Hierofanías


Nace este mes con la transcripción casi automática del trance provocado por una voz que me atraviesa, un sueño desgajado que parpadea y emite luces estroboscópicas en mi memoria y el cansancio de una noche sin refugio:

La isla de las mariposas es una deformación geológica situada en medio de un archipiélago de cráteres sulfurosos que rodean la costa de Pompeya. Las naves tripuladas por númenes lunares avanzan sin reparar en los humores que se despliegan desde el fondo marino. Y miramos sin dejarnos mirar y no sabemos adónde se muda el vacío o el grito tras las máscaras de malaquita y alambre de púas. Los ojos dejan de ser ojos tras los ojos. La salida no es salida cartón colgado en el cuello de mi vecino el que duerme a la entrada de la panadería clausurada hace años a causa de un muchacho que perdió ambas manos en el horno ardiente… y no sólo eso: perdió las piernas y los sonidos eran frituras mordisqueadas por ratones mientras perdía las orejas y sus ojos dejaron de ser ojos tras los ojos y llegó el vacío y el grito a habitar su máscara de fuego que antes había sido de plumas y de papel. Y mi vecino regresa cada mañana para humedecer sus manos y su frente antes de posarse de nuevo al sol junto a su iguana y sus culebras antes de regresarlas al mar de la costa de Pompeya. Entran cautelosas las naves y a sus costados se adhieren restos de pieles que sirenas y leones marinos han arrancado a los cuerpos que suicidas nigromantes intercambian cada madrugada por muertos para hacerlos germinar en el jardín de la noche. Así crece el archipiélago y así duermen las mariposas exponiendo sus alas a la tintura de las algas sulfuradas. El espíritu explaya su inmensidad en uno de los pliegues del universo susceptible de cruzar los arrecifes y los cráteres más profundos: guaridas de silencio y terremoto. El espíritu atraviesa el infierno marino hasta alcanzar la bruma de la superficie. Observa la nave mientras repliega de nuevo las membranas elásticas de su cuerpo material hasta ofrecerse en ramo de nenúfares magentas. Es su saludo y su ofrenda para los númenes lunares que han de desembarcar en Pompeya a la búsqueda del cuerpo purificado por el fuego en su viaje de regreso a la masa del pan de la vida.

Dibujo: "Artistas cavérnicos"
Salvador Araujo

martes, mayo 25, 2010

Onírica vox



Para Antón, por nuestra Salida que es Entrada

Los sueños a veces están bordados con las ansias de figuras que no pertenecen ni a la sal ni a la tierra; ni al paisaje marino ni a la estela sugerida por el viento en una duna inmensa aferrada a la noche insensata y voraz. Figuras semihumanas y semietéreas se instalan en el sueño y cuelgan en cada surco de pared cerebral un letrero que palpita y se hincha con letras de agua que anuncian una sola palabra: SALIDA.
Las figuras cantan sin imaginar que los fluidos cerebrales absorben sus voces y las transforman en las palabras que también significa la palabra SALIDA.
Y la SALIDA ensalivada y ensilabada dice así:


Plumaje de halcón reviste
la estructura de hueso mineral
que sostiene tus alas de lumbre y obsidiana.

La amargura del cielo anegado
escupe vibrantes esponjas verdes
con las que armas tu vestidura
de insomne guerrero errante.

El filo de una garra
nace de tu mano alquímica

corta tu piel y
dibuja con tu sangre
las hebras y el follaje
que desenredan los nudos
con que se enredan tus pasos.

Y partes.

Y tus noches serán sombreadas por galaxias blancas
que vaciarán en ti
el agua y el espíritu del día siguiente;

y tus días avanzarán con el impulso de flores azules
que te darán la visión
y la certeza
del sueño que ha de llevarte hasta el fondo;

y llegarás a ti
y saldrás de ti
y sabrás entonces
el nombre de la luz
que te será dada
para acompañar
tu renacimiento.

viernes, febrero 26, 2010

A spell on me

El siguiente texto se había estado traspapelando entre las diferentes versiones del pequeño primogénito que espero asome pronto los ojos al mundo. Creo que se llamará Not about you anymore, y creo que este texto no debería quedarse fuera. Si pudiera, lo publicaría en un aparato en el que, al empezar a leerlo, se activara el video que aquí lo acompaña.

XIII. Minimalia

Arrastro mi cuerpo hasta la telaraña de tuberías oxidadas
que soñé hace unas noches
y que prometía ser mi nueva guarida.

Sin embargo mi cuerpo no sabe detenerse,
no quiere resguardarse
y se queda un rato mirando
las costras y las goteras de
esa telaraña-escalera;
y luego, sin dudarlo,
se sigue de largo.

Me voy quedando,
me voy quedando atrás
porque ya no me llega el aire,
ya no me llena;
porque mi cerebro
se inunda de melancolía,
porque mis pasos
se arrastran
aferrándose al lodo y a los charcos,
al pasto y las calles
que antes recorrí
sin estar tan sola,
sin guardar en mis ansias
tanta desesperanza,
sin sentir que el frío punza
mi piel caliente y viva,
tan imprudentemente viva,
tan exaltada
y sola.

Camino pues,
sin pensar mucho en los pasos
que voy dando,
en las calles que se deslizan
a mi lado,
en los rostros
que miro y esquivo,
en los golpes que doy y me van dando.

Cruzo avenidas
con el vértigo de dejarme seducir
por la quietud a media calle,
a la espera de un elefante que embista mi cuerpo,
y sólo veo autos.
Me pregunto cuál sería la velocidad y el tamaño de un auto
para igualar la capacidad destructora de un elefante
que, al correr despavorido por esta calle
y encontrarse conmigo,
destrozara mi cuerpo hasta dejarlo irreconocible.

Sin embargo miro ambos lados de la calle
y cruzo cuando no hay autos.
Y camino esquivando coladeras abiertas
y me cuido de limpiar mi nariz
cuando noto
que no estoy respirando.

¿Qué pasa?
¿No hay verdadera tinta en mis zapatos?

jueves, enero 14, 2010

Re


Desde que empezó el año me he estado preguntando cómo podría retomar este blog después de un año y medio de haberlo abandonado. No voy a detallar aquí las razones de este abandono, pero resumo que es el resultado de otro que derivó en el abandono de muchas cosas a las que poco a poco estoy regresando, como este blog.

Al principio pensé en cambiarlo todo, en abolirlo por completo y hacer otro, pero
-absurdo, yo lo sé¬- imaginé que sería un desperdicio, como con las hojas que arrancamos salvajemente de los cuadernos para tirarlas sin delicadeza al basurero, así que decidí instaurar un régimen renacentista (sin aludir al movimiento estético/filosófico).
Otra razón para conservarlo es que el nombre me gusta aunque ya no tiene que ver con el significado que yo atribuía a sus raíces cuando lo inventé: kalindrafario (Kalindra es un personaje vengador con el que ya no me identifico; fario venía de faire/hacer; y en conjunto era como “Kalindra hace”). Sin embargo hay algo en esa palabra, o en el sonido de la palabra, que me hace sentir que algo de mí está ahí. Lo raro es que, aunque estaba segura de que no había palabra como ésta en el mundo, descubrí hace unos días que existe una boxeadora que se llama Kalindra Faria, sí, tal cual.

El caso es que cuando decidí que volvería a escribir aquí después de leer tantos blogs y páginas literarias, me preguntaba “¿de qué hablar que no derive en un mero discurso de análisis introspectivo que no le interesa más que a quien se lo formula?”
Hubo un sonido blanco que duró un par de días en mi cabeza, hasta que entre tanto bishhhh…##**fushhhh…00…##&*juarrrrtrrrtrr …**, surgió una voz de esas graves que luego me salen cuando no sé qué estoy pensando, que dijo “es más interesante hacer un reflejo de lo que eres armando un rompecabezas con retazos de lo que te gusta; así puedes notar cómo vas cambiando, cómo vas creando tu entorno, cómo vas desechando ideas y apegos, cómo perviven los rastros de los demás –los otros- a tu alrededor (aunque sus sombras se hayan diluido hace ya bastante tiempo entre la aglomeración de sombras cotidianas), y cómo se van asentando las nuevas sombras de quienes se asoman cada día a tus días”. Todo eso dijo la voz bien grave, y yo la escuché con atención.

Ahora, para dejar constancia del renacimiento de este kalindrafario, haré una declaración que debí hacer en la clase de francés el sábado pasado, pero me tardé demasiado estructurando lo que estaba pensando para que no se me fuera el hilo en la incoherencia y cuando ya estaba lista, el profe ya estaba hablando de otra cosa.

Pues bien, el asunto empezó cuando una chica hizo un comentario sobre el comentario de Confucio a propósito de la trascendencia: “para trascender hay que plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo”. Ella plantó ya un pino afuera de su casa; escribió un Manual de técnicas fotográficas y planea ser mamá dentro de dos años (ahora tiene 32). En el momento, mientras ella nos contaba que una profesora suya –muy culta e inteligente- viajó a Barcelona para embarazarse después de tener una aventura con un doctor –también muy culto e inteligente- a quien nunca volvió a contactar más que para agradecerle que le hubiera ayudado a engendrar una niña; lo que se me ocurrió fue, como si ya lo hubiera reflexionado a conciencia, la siguiente frase: “no es cierto, para trascender no es necesario tener un hijo o plantar un árbol; en realidad cada acto nuestro trasciende per se y, por ende, también nuestro ser en cuanto que participa en el proceso de una historia, por banal y cotidiana que ésta sea”. Exacto: los actos de cada día nos hacen trascender asentando un registro de nosotros mismos para incluirnos en el “capítulo” del día siguiente. Ahora bien, si en lo que se piensa –o lo que se busca- es la trascendencia en un plano metafísico/filosófico o algo así, se me ocurre que tampoco es necesario tener un hijo ni plantar un árbol, sino transformarse en “algo” a través de cualquier expresión artística de la que uno se atreva a apropiarse. Que se entienda que ese “algo” significa Palabras, Sonidos, Ritmos, Plasticidad, Colores, Formas, Contrastes, Imágenes, etcétera. Por ejemplo, yo, tímidamente declaro que cuando me apropio de la escritura me transformo en las palabras y en lo que en su conjunto, estas palabras crean. Y así es como yo entiendo la trascendencia, porque con las palabras es como voy traspasando umbrales espacio-tempo-sensoriales que un hijo o un árbol no lograrían traspasar. Bueno, en parte el árbol sí, porque –oh paradoja- sirve para hacer el papel con el que se hacen los libros…

Total que, si alguien ha llegado hasta este punto de tan bonita reflexión, me gustaría decir que me parece que su importancia radica en admitir que no escribo porque no tenga otra cosa que hacer, o peor aún, no sepa hacer otra cosa; tampoco por amor al arte ni para que no me falte el aire, sino porque en la escritura yo encuentro la manera de existir aunque no coincida con la existencia física y real, y porque me encantaría que cuando me muera y me tengan que enterrar, me lean quienes me conocieron y tengan esa sensación “chistosa” de que soy yo quien lee, que ahí estoy, tomando aire para entonar el siguiente párrafo.


Ciudad de México, 14 de enero de 2010