viernes, junio 10, 2005

El juego de las andanzas

"Deseo saber cómo Dios creó este mundo. No estoy interesado en este o aquel fenómeno, en el espectro de este o aquel elemento. Deseo saber sus pensamientos; el resto son detalles"
Albert Einstein
Buscar la esperanza entre el polvo que se junta bajo la cama, entre las pelusas que se pegan en la planta sudorosa de los pies. Buscar una sonrisa en el espejo empañado y sucio de jabón, en ese rostro que por más que se escudriña no se reconoce, o más que no reconocerse, no provoca ninguna emoción.


Emoción espectral, atracción disímbola, malévola, fantasmagórica, irreal.

Encontrar la tranquilidad en un plato lleno de cereal con leche. Respirar profundamente después de tomar la primera cucharada y mirar alrededor, buscando ahora, de dónde proviene ese silencio tan punzante. Encontrar la mirada de la soledad en cada pared; sentir miedo de sus ojos de loca, de su boca tan grande que se abre para soltar heladas carcajadas.

Carcajadas estalactitas, campanadas veloces, agujas cristal.

Gatear entre la tierra, deteniéndome de vez en cuando para limpiar mis uñas y desatarme y atarme el cabello. Sentir la humedad bajo mis manos y mis rodillas; adivinar que el centro candente en verdad sólo era ficción. Nunca mirar nada porque no hay nada qué mirar, porque bajo la tierra todo es luz tan blanca que derrite las pupilas al menor parpadeo.

Parpadeo crepuscular, aleteo de mariposa negra: la muerte no me ha dejado más que una casa blanca con miles de escaleras que suben y bajan en todas direcciones y me llevan siempre al mismo lugar.

(Iliánika von Bicho, Breves imágenes prosáticas, Ediciones Rupestres, 2005.)

DR (c) 2005 Iliana Vargas Flores

1 comentario:

La mentirosa dijo...

ha jijo!, personalmente señorita yo sigo creyendo en la filantropia cosmica, y es que como le digo?) ....